sábado, mayo 26, 2007

This is the Zodiac speaking...

De los numerosos casos sobre asesinos en serie de Estados Unidos, el del Zodiaco es tal vez el más enigmático de todos. Responsable de al menos cinco muertes entre diciembre de 1968 y octubre de 1969, su identidad sigue siendo un misterio. Mataba gente al azar, usando diferentes métodos y la única manera de ligarlos todos al mismo autor fue a través de las cartas y códigos que envíaba a periódicos y la policía, en un juego que se alargaría por muchos años.

Dejando de lado su acostumbrado estilo cultivado en videoclips, David Fincher recrea en Zodiaco el azote del asesino, la incansable cacería en su contra y la posterior investigación del caricaturista Robert Graysmith, que dio pie al libro en el que se basa el film. Apegada rigurosamente a los hechos y al verídico procedimiento policial (que nada tiene que ver con la bacanería de Miami Vice), esta película es una fascinante mirada a un caso que hasta hoy, sigue sin resolver.


Más que tratarse del Zodiaco, el film se centra en el efecto que tuvo el caso en tres personas (parecido a lo que hizo Spike Lee en Summer of Sam): Dave Toschi (Mark Ruffalo), el detective inmerso en el caso que se pasó años sin desenmascarar al culpable; Paul Avery (Robert Downey Jr.), periodista de policiales que acabó inmerso en drogas y alcohol; y el mismo Graysmith (Jake Gyllenhaal), cuya obsesión por descubrir al Zodíaco lo hizo descuidar a su familia y amigos.

Resulta increíble como, teniendo tanta evidencia y pistas, la policía nunca haya podido dar con el Zodiaco. Graysmith tenía su sospechoso: Arthur Leigh Allen, un pedófilo con nulas aptitudes sociales que acá es una figura misteriosa y macabra (la tensión durante la escena de su interrogación es palpable). El film también llega a las mismas conclusiones, aunque nunca se pudo probar que Allen era el asesino: murió en 1992 sin haberse librado de la acusación.

La película incluso da pie a otras teorías. Existe la posibilidad de que el Zodiaco haya sido más de una persona, dos locos trabajando juntos. De ahí que las huellas digitales nunca hayan podido dar con un sospechoso. O si no, puede ser que el Zodiaco no haya sido responsable de todas esas muertes; tenía el hábito de adjudicarse crímenes que ya tenían culpable. Paul Avery lo acusó de, entre otras cosas, buscar publicidad gratis.

Fincher se toma su tiempo en dar todos los detalles de la investigación, durante y después de la racha de asesinatos; es un film pausado, de casi tres horas de duración pero que se mantiene fascinante en todo momento. Muchos dicen que es un paso atrás para el director, al faltar mucho de su acostumbrado estilo, pero lo cierto es que con este film se puede ver a un David Fincher maduro y con ganas de probar cosas nuevas.

¿Quién era el Zodiaco? Tal vez nunca se sepa. La investigación en esa época no sólo se vio truncada por el asesino, sino también por las mismas autoridades. La policía en todos los condados cometió el error de no trabajar en equipo y cada uno por su lado tratar de adjudicarse la gloria de hacer la captura. Falta de información, coordinación, y cooperación fueron factores que ayudaron al Zodiaco a desaparecer. O puede ser que ese haya sido el plan todo el tiempo.

El caso fue abierto otra vez hace tres años, pero se sigue sin saber quien estaba detrás de todas esas muertes, si es que alguna vez existió un asesino en serie; el único indicio son las inciertas cartas y códigos que solía enviar. Si no fuese por Graysmith y su insana obsesión, tal vez nunca nos enteraríamos del Zodiaco; muchos prefirieron olvidarse y hoy en día el caso se ha convertido en una pieza de folclor.

La película de Fincher toca todos estos temas con realismo y rigurosidad; es un caso fascinante con muchas respuestas. Saque sus propias conclusiones.

Para más información sobre el caso Zodiac y otros criminales de Norteamérica, visite www.crimelibrary.com. Interesante y macabro a la vez.

martes, mayo 22, 2007

¡Spider-Man se me cayó!

Vi los avances, me gustaron. Las dos primeras películas las encontré geniales, buenas adaptaciones de un cómic que leía hasta el cansancio cuando era más joven. Entonces, fui uno de los tantos haciendo la enorme e interminable cola afuera del cine cuando estrenaron El Hombre Araña 3. Me emocioné cuando empezó la película, me dije que con Sam Raimi y todos los sospechosos de siempre al mando, no podía fallar.

Tres horas después, el fanático del cómic que llevo dentro estaba puteando, decepcionado y yo estaba físicamente cansado luego de una película que fue demasiado larga y enredada para su propio bien. No fue un completo desastre, los efectos eran de lo mejor y el reparto a estas alturas ya se hizo dueño de los personajes, pero… ¿Qué diablos pasó?

Normalmente cuando se estrena uno de estos blockbusters hollywoodenses los críticos hacen cola para hacer tiras la película y quejarse del pobre estado de la cartelera actual. Yo me limito a llamarlos amargados, comprar mi bote de popcorn y ver la película como la gente. Los blockbusters están hechos para entretener y nada más y en su mayoría lo logran. Pero en este caso me tuve que tragar el orgullo.

Pero si esta película no me gustó, fue porque me sé los cómics de memoria y tomando eso en mente, es increíble la cantidad de cosas que Sam Raimi hace mal. No voy a comentar esta película desde el punto de vista cinematográfico. Y tampoco esperen algo parcializado. Tómenlo como la opinión de un comic book geek que sabe que el Hombre Araña tiene historias dignas de llevarse al cine y esta no fue la mejor manera.


CINCO RAZONES POR LAS QUE ODIÉ "SPIDER-MAN 3"
(Escrito por un nerd de cómics)

1. El Tío Ben murió a manos de un ladrón cualquiera que Peter Parker pudo detener pero no lo hizo por egoísta. Esta irresponsabilidad fue la que lo empujó a ser un héroe, una lección que lo guiaría por siempre. La primera película lo hizo bien y acá vienen a decirme que en verdad no sucedió así; básicamente tuercen toda la historia para poder acomodar a Sandman en el relato. Si uno lo mira bien, Flint Marko se mantiene ajeno a todo durante el film, se encuentra con el Hombre Araña de pura casualidad y por ninguna razón aparente se vuelve aliado temporal de Venom. Y la manera de juntarlo con todo el resto es demasiado forzada y bastante inútil.
2. Gwen Stacy fue la primera novia de Peter Parker y encontró un trágico final, asesinada por el Duende Verde, un suceso que ha marcado la vida de Parker desde entonces. Claro, se casó con Mary Jane y tuvo una hija pero el recuerdo de Gwen (y el hecho de que no la pudo salvar) siempre está presente. Esta película le quita toda esa importancia para volverla una rubia tonta y un factor subdesarrollado en la telenovela venezolana que es la relación entre Peter y Mary Jane; el personaje se merecía más respeto, aunque algo si debo admitir: Bryce Dallas Howard se ve preciosa.
3. Luego de muerto Norman Osborn, Peter y Harry nunca más volvieron a ser amigos, ni por una amnesia ni por la tardía y ridicula aparición de un mayordomo que sabía demasiado. Harry se obsesionó tanto con la muerte de su padre que se volvió completamente loco – y ser el segundo Duende Verde sólo empeoro el asunto. Harry negó a su esposa e hijo, se obsesionó con borrar a Peter del mapa y al final murió al igual que su padre en una batalla, algo que siguió atormentando al buen Parker por años. El legado del Duende no murió luego de eso. El psiquiatra de Harry también se volvió loco y le robo la idea, claro que no le duró mucho la inspiración: cincuentones débiles nunca van a saber como pelear.
4. Lo que hizo el traje negro fue volver a Parker más agresivo y desalmado, como lo comprobaron muchos de sus enemigos al recibir palizas de marca mayor. Peter trataba mal a todo el mundo y estaba cerca de volverse un psicópata, por lo que se vio forzado a abandonar el simbiote. Esta película convierte todo eso en una comedia estúpida, con Peter Parker paseándose por la calle haciendo una mala imitación de Tony Manero y vestido como Jared Leto en “The Kill”. Los cantantes emo nunca han intimidado a nadie y creo que la cosa alienigena hizo mucho más que convertir a nuestro héroe en un payaso.
5. Venom. Tal vez lo peor manejado de todo este embrollo. La historia está bien – Parker humilla a Eddie Brock y este acaba sin querer habitado por el simbiote – pero justamente esto hizo crecer su agresión y mala leche, que ya tenía. Brock es un matón y el Venom que resultó era una mole descomunal de dos metros que bien pudo haber partido al Hombre Araña en dos si no fuese porque se apareció Carnage, un asesino en serie mil veces peor. En la película no es más que un flacucho en el traje negro con la cara más fea, y es un crimen que un personaje así sólo salga apenas diez minutos. Venom da para una película solo y ojo, no era un chiquillo llorón, sino una masa de músculos propensa a la violencia. Raimi no lo quería meter en la película, argumentando que los productores lo obligaron. Y se nota que no es más que una adición de último minuto para complacer a los fans que querían verlo como sea. Impacientes.
Podrán decir que estoy siendo muy renegón, demasiado quisquilloso, y puede ser. Pero como fan del cómic me sentí completamente defraudado con una película que sufre de lo que me gusta llamar “el síndrome de Batman y Robin”. Es decir, el afán por meter demasiadas cosas en un film y convertirlo en una payasada incoherente. Estaban bien con un villano, ¿para que tres? ¿Para que una segunda novia? Desgraciadamente, el dinero mandó y tenemos un producto que se hace eterno de donde tranquilamente uno sacaba dos buenas películas.

Eso sin mencionar otras estupideces, como Peter corriendo delante de la bandera americana en un gesto de patriotismo idiota que puede ser comprensible con el Capitán America pero aquí no; o el hecho de que Kirsten Dunst, talentosa y linda como es, NO SABE CANTAR. Son cosas chicas, pero sentado en un cine por tres horas con las piernas acalambradas y sufriendo por encontrar algo bueno, se empiezan a hacer bien aparentes.

Ojalá que para la próxima se pongan las pilas, porque el Hombre Araña da para mucho más. Ah, y si están pensando que he pasado demasiado tiempo leyendo cómics – creo que ahí sí no tengo respuesta. ¡Excelsior! (Si saben de donde sale esa frase tal vez estén igual que yo).


lunes, mayo 14, 2007

Cine Chicha

Mi padre le ha puesto el afectuoso mote de "Cine Chicha": películas de bajo presupuesto hechas en provincias, una nueva corriente de cine peruano que de a pocos va ganando adeptos. Yo por mi parte sólo había escuchado de estas películas en un artículo de la Revista Somos, filmes hechos en lugares tan variados como Puno, Cajamarca o Iquitos, usando actores locales, equipamiento básico, con poco dinero pero con muchas ganas.

Estas películas han llegado a Lima gracias a los cineclubes y los centros culturales, pero aún así muy pocos las han visto. Su mayor suceso ha sido en provincias, donde han sido en su mayoría taquillazos. Por azares del destino (léase: piratería) llegaron a mis manos dos de estas obras, y así pude tener mi primer acercamiento con un cine muy diferente, pero innegablemente peruano.

Milagroso Udilberto Vásquez, del cajamarquino Héctor Marreros, cuenta la historia del mismo personaje: una suerte de leyenda local en Cajamarca, un joven injustamente acusado de violación y luego fusilado, una de las últimas ejecuciones que se llevaron a cabo en el Perú en los 70. Hoy en día, Udilberto es una ánima que muchos aseguran hace milagros.

Un tema importante para Cajamarca, y hacerla un melodrama llorón digno de telenovela venezolana tal vez no fue la mejor idea. Esta película es al final una velada crítica a la discriminación y el maltrato, sin ninguna sutileza: Udilberto es una víctima, resignado a su suerte sin ganas de pelear, a la merced de la policía, mostrados como unos matones abusivos (no es tan distinto a la realidad); y con un abogado que apenas levanta un dedo para ayudarlo. Hay mejores maneras de hacer una crítica social, sin tanto melodrama: basta con ver a la mamá de Udilberto, que no hace más que rogar y llorar toda la película – me bastaba con poner MUTE en esas escenas, que rayan en lo ridículo.

Hay que aplaudir el esfuerzo de Marreros – es obvio que el presupuesto fue nonexistente, los actores no son profesionales y las locaciones fueron improvisadas (en plena comisaría se observan un montón de mesas y sillas de restaurante amontonadas), pero no necesariamente significa una buena película, sólo una curiosidad.

El Tunche: Misterios de la Selva del huancaíno Nilo Inga es otra historia. Filmada en plena selva, tiene una premisa que cualquier conocedor de cine de terror B conoce muy bien: un grupo de universitarios se adentra en la selva en busca de una supuesta hierba curativa, donde caen victimas del Tunche, una criatura folclórica (en realidad un tipo pintado de negro) que protege la naturaleza. Y no le gusta que se anden metiendo en su territorio sin permiso

Así es: estamos ante un slasher peruano, con una fórmula que se ha repetido hasta el cansancio en todas las aventuras de Jason Voorhees, la del grupo de chiquillos que muere sin piedad a manos del asesino, claro que adaptada a la realidad local. Nadie se la estaba tomando en serio y nosotros tampoco deberíamos. Haciendo uso de locaciones selváticas, es una divertida incursión chicha en el cine de género con todas las convenciones de rigor. Incluso si los chicos del campamento Crystal Lake tenían al Loco Ralph advirtiéndoles de los peligros que correrían, aquí nuestros muchachos tienen a un chamán que cumple la misma función. Divertida película de un género que me doy cuenta el cine de provincias repite mucho, el de utilizar a monstruos del folclore como villanos, tipo el Kharisiri.

Admítanlo: da una curiosidad enorme ver estas películas, es toda una industria que muchos ni siquiera saben que existe y prueba de la creatividad y las ganas que tiene alguna gente en este país. Son de bajo presupuesto, pueden no ser buenas, pero dan ganas de verlas. Este "cine chicha" es uno que merece ser visto por todos, siquiera una vez.

lunes, abril 16, 2007

La Rosa Blanca


Sophie Scholl era una estudiante de 21 años y militante del grupo universitario anti-nazismo llamado La Rosa Blanca. Junto a su hermano y un grupo de amigos, se dedicaban a imprimir panfletos en contra del régimen y distribuirlos a nivel nacional, como una forma de protesta frente a una guerra que sentían estaba llevando a su país a la ruina.

Sophie y su hermano Hans fueron capturados en febrero de 1943 y tras una serie de interrogaciones y un juicio apurado, fueron ejecutados, meses antes que su vaticinio se cumpliera y el régimen nazi empezara a desmoronarse bajo la presión de los aliados. Los Últimos Días es una recreación verídica de esta etapa, utilizando transcripciones de los interrogatorios como parte del mismo guión.

Al igual que otro reciente film alemán, La Caída, Sophie Scholl tiene la clara agenda de condenar los abusos y excesos del régimen nazi, por lo que este film se convierte pronto en un debate entre ambos puntos de vista; un debate unilateral que desde el principio tiene un ganador. La mayor parte del metraje está dedicada al interrogatorio entre Sophie, una joven firme en su convicción de que la guerra no puede ser ganada y el nazismo está llevando a Alemania a la ruina, y el jefe de policía, hombre serio y leal al Fuhrer. Independiente que esta joven haya existido, su función en la película es representar la postura del director – y porque no, de los historiadores – de que las atrocidades del Nacional Socialismo fueron una de los momentos más oscuros de la humanidad. Esto es algo que nadie nunca va a poner en tela de juicio.

Al ver al juez durante el juicio de Sophie, un fanático nazi hasta los huesos, despotricar sobre las bondades de su régimen y pronosticar la aplastante victoria de Hitler, queda claro que el fanatismo durante el régimen fue parte de su hundimiento: la gente no podía concebir un futuro sin su amado Fuhrer. La excepción es el mencionado policía, que, aunque fiel a sus principios, parece saber de sobra que el nazismo no sobrevivirá.

Sophie Scholl es una película correcta, sin ser grandiosa (gran parte de la acción ocurre en apenas dos o tres habitaciones, lo que da pie a pensar que en algún momento esta historia ha sido llevada al teatro o de ahí nació). El tema es interesante por el hecho de que gente como los miembros de La Rosa Blanca se atrevieron a hacer algo bastante riesgoso y los libros muchas veces los pasan por alto. Lo que sí, daba lo mismo si era Sophie la protagonista; este film tenía la clara intención de condenar al pasado y en ningún momento se aleja de ello. Pudo haber sido cualquier otra joven repartiendo esos panfletos y el mensaje no habría cambiado.

El Tirador

Antes, era bastante simple hacer películas de acción: un héroe patriota se enfrentaba a los malos, los mataba a todos, teníamos un final feliz y todos se iban a la casa contentos. Hoy en día no puede ser tan fácil. Las épocas de odas a la violencia tipo Comando ya quedaron atrás.

Bob Lee Swagger (Mark Wahlberg) tiene cosas en común con el Schwarzenegger de aquel clásico ochentero. Es un solitario ex francotirador del ejército buscando venganza tras ser involucrado en un complot y tiene los medios para patear el trasero a todos los villanos. Lo logra, pero no por su país o la bandera, sino por sí mismo.

Tirador de Antoine Fuqua tiene todo un trasfondo aparte de ser una competente película de acción. Aquel patriotismo ha dado paso a un cinismo hacia la clase política bastante obvio. Swagger está metido en una conspiración que involucra a los altos mandos, políticos y militares que acá son mostrados como unos malditos egoístas que sólo piensan en sí mismos, sin importar a quien pisan para conseguir sus objetivos. El gobierno hace lo imposible por tapar sus propios errores, por justificar sus metidas de pata y viendo la situación actual, con Bush y compañía haciendo tontería y media en Irak, no resulta difícil creer que algo como lo que muestra Tirador pueda ocurrir de verdad.

El único que sigue creyendo en su país y en la patria es Swagger (¿Puede haber un nombre más redneck que ese? ¿Y no les parece raro que sean justamente estos granjeros los más patriotas de todos?) y la única recompensa que recibe por esa fidelidad es ser involucrado en un asesinato y ser perseguido por los que antes lo protegían. Toda una recompensa por servir al país, así como EE.UU deja en el olvido a todos los soldados que pierde en el extranjero con tal de conseguir algún objetivo mayor (Tampoco creo que sea casualidad que justo el punto de discusión en este film es un oleoducto). Tirador no hace más que criticar las malas acciones de un gobierno que lleva años metiendo la pata donde no lo llaman.

Pero tampoco es que sea un discurso político. Es ante todo una película de acción interesante, con un protagonista que a ratos recuerda a MacGyver en sus mejores épocas y una buena dosis de acción por parte de Antoine Fuqua, que muestra destreza a la hora de encargarse de estas secuencias. Es sólo que, por más que recuerde a Comando, nunca va a serlo, porque una película de acción actual no puede ser tan simple, ya no se trata de un héroe matando a todos: siempre tiene que haber un tema de fondo.

martes, marzo 20, 2007

This... is... SPARTA!!!!!!



El éxito de Sin City hace un par de años puso de moda en Hollywood a su creador, Frank Miller; era de esperarse más adaptaciones de sus obras para la gran pantalla y así es como llegamos a 300, en el que el celebrado autor pasa revista a la batalla de las Termópilas, donde 300 soldados espartanos se enfrentaron al inmenso ejército persa. Y si se están esperando una aburrida lección de historia o un film épico a la mayor gloría de joyas de antaño como Espartaco o Ben-Hur, harían bien en recordar que si bien está basado en hechos reales, este film es, antes que cualquier otra cosa, un cómic.

Desde el principio hasta el final, 300 es un espectáculo visual de primer orden. Filmada, al igual que Sin City, utilizando fondos generados por computadora y usando la novela gráfica casi como un guión, la película nos transporta hacia una antigua Grecia cargada de elementos fantásticos. Es cierto, 300 valientes soldados se enfrentaron a un interminable ejército en Esparta; pero para todo lo demás, Miller, junto con el director Zack Snyder, se tomaron infinitas libertades. A menos que los persas hayan peleado con rinocerontes con armadura, elefantes gigantes o trolls deformes que parecen descendientes de los orcos de El Señor de los Anillos, dudo mucho que se haya apegado mucho a los libros de historia.

Básicamente, 300 es una película para hombres: está cargada de testosterona, heroísmo, actitudes machistas, violencia a cantidades y guerreros musculosos que parecen instructores de Gold’s Gym que alcanzarían para todo un año de ediciones de la revista Playgirl (suficiente motivación para meterse a un gimnasio). Todos los hombres son fuertes y aguerridos, las mujeres espartanas serviles y sensuales y nada aquí es sutil. Los discursos son bombásticos, las batallas hiper-estilizadas y sangrientas y Leonidas, un líder férreo y casi mítico, interpretado con una palpable intensidad por Gerard Butler, que luego de esto ya se merece más reconocimiento.

Lo admito, la trama es prácticamente nula. 300 soldados van a la guerra y les rompen la cara, y eso es todo. Hay una intriga política y un poco de romance, pero son meros rellenos para una historia que nunca se quiere mover del campo de batalla. La narrativa no es su punto fuerte, pero tampoco fue hecha para eso.

300 es un espectáculo, uno que debe disfrutarse en pantalla grande con sonido digital y una gran bolsa de palomitas en la mano: es ese tipo de película. Y aunque tenga fallas, uno no puede negar que el trabajo técnico es impecable. Cada toma de esta película es de fantasía, un deleite visual como ninguno y la interminable serie de batallas coreografiadas y viscerales son una inyección de adrenalina que te hace salir del cine con ganas de lanzarte al combate.

Dentro de una época en la que cada película es un remake o secuela, algo como 300 emerge como un proyecto original y divertido. No es profunda, pero no quiere serlo (aunque el tema diga lo contrario) y no es Ben-Hur para nada. Es otro cómic de carne y hueso, sumamente divertido y cargado de energía.

Ahora que está impuesta la moda de Frank Miller, esperamos, además de la segunda parte de Sin City, una adaptación de Ronin, que es básicamente la versión más seria de Samurai Jack (¿Se acuerdan o no?).


lunes, marzo 19, 2007

Cartas Desde Iwo Jima

La Conquista del Honor, el más reciente filme de Clint Eastwood, era un recuento sobre la icónica batalla de Iwo Jima durante la II Guerra Mundial. Ahora el director la acompaña con otra película sobre el conflicto, aunque desde otro punto de vista y bastante diferente: Cartas Desde Iwo Jima. Si bien el filme anterior se concentraba más en los efectos posteriores a la batalla, cuando Estados Unidos quedó encandilada con la famosa foto de la bandera que ya todos conocemos, esta película se centra en el conflicto mismo, más concretamente en los efectos que tuvo sobre los combatientes japoneses.

Lo que Eastwood buscó con esta película era humanizar al enemigo. Otras películas de guerra muestran a los japoneses como unos locos kamikazes que se lanzan al combate y a la muerte sin pensarlo dos veces. Esta es tal vez la primera vez que se le muestra como seres humanos. Estados Unidos sufrió muchas pérdidas en la guerra, pero los japoneses no se quedaron atrás.

La isla de Iwo Jima era de un terreno difícil e inhóspito, su único valor era como punto estratégico, pero a los soldados japoneses les tocó vivir las peores condiciones. Apertrechados en túneles subterráneos, con pocas municiones y comida, debieron enfrentarse a una fuerza que los superaba numérica y anímicamente. El conflicto es presentado desde dos puntos de vista. Primero está el de Kuribayashi (Ken Watanabe), el férreo comandante dispuesto a hacer su trabajo y proteger a sus hombres, aún sabiendo que los está llevando a una muerte segura. Luego está Saigo (Kazunari Ninomiya), soldado raso que sólo piensa en regresar a casa con su esposa e hijo que aún no conoce, y como muchos soldados en la guerra, no entiende porqué está peleando.

En las trincheras, ya poco importa la nacionalidad o los objetivos mayores: lo único que importa es el hombre que está a tu costado y sobrevivir. Japón insta a sus soldados a pelear por la gloria del imperio, para vencer al enemigo, pero para ellos poco importa. Ambos puntos de vista contrastan la actitud militar de los japoneses. Su apego al honor los hacía sacrificarse, preferían matarse a ser capturados o rendirse, como parte de una fuerte tradición que nadie en occidente podría comprender. Kuribayashi entiende que la única salida es morir, pero al mismo tiempo el fanático Ito (Shido Nakamura) no tiene miramientos en salir al encuentro de un tanque con minas pegadas al cuerpo; y al mismo tiempo, Nachi (Tsuyoshi Ihara) muestra compasión hacia los soldados enemigos porque sabe que, en tiempos de guerra, todos están metidos dentro del mismo saco y poco importa el color de la piel. Los japoneses sufrieron los estragos de la guerra al igual que todos.

Existen otras historias dentro de los túneles de Iwo Jima, pero son las de Kuribayashi, Saigo y Nachi las que perduran en la memoria; entre los tres, dan una clara muestra de la mentalidad nipona durante el conflicto. Lo que Eastwood ha creado aquí es un film anti-bélico de imágenes poderosas y chocantes (Al ver a todo un grupo de soldados suicidarse con granadas, uno no puede evitar preguntarse que si tal vez Japón hubiese dejado su fanatismo de lado, no habrían sufrido tantas pérdidas), no sólo logra mostrar el lado humano de un pueblo que varias veces ha sido demonizado en el cine, sino que evita cualquier dosis de patriotismo insufrible que siempre encontramos en películas que ven la guerra desde el lado de los ganadores.

Puestas juntas, ambas películas constituyen un esclarecedor, interesante y crudo panorama de lo que fue una de las batallas emblema de la II Guerra Mundial, siempre desde el punto de vista del hombre común. Una excelente lección de historia de parte de un director consagrado, imperdible.

viernes, enero 26, 2007

Banderas de Nuestros Padres

Aún si uno no sabe nada sobre la batalla de Iwo Jima (me incluyo), tiene que conocerla a través de la foto de los seis hombres levantando la bandera de Estados Unidos. Esta imagen se ha vuelto icónica para los norteamericanos, un símbolo de heroísmo que de seguro ha cobrado más relevancia luego de los atentados del 11 de septiembre. Pero la historia detrás de esta fotografía es mucho menos romántica de lo que se puede creer, o al menos así lo plantea el genial Clint Eastwood en su más reciente filme, La Conquista del Honor.

Más que un film sobre la batalla propia, es la historia de los seis hombres que levantaron aquella bandera, o por lo menos de los tres que salieron vivos: John Bradley (Ryan Phillippe), Rene Gagnon (Jesse Bradford) e Ira Hayes (Adam Beach). Luego del suceso, los tres fueron retirados del campo de batalla y llevados de vuelta a Estados Unidos, como una maniobra propagandística del gobierno para vender bonos y así poder costear el pelear una guerra en la que (como siempre), nadie los había llamado en primer lugar.

Si uno le cree al film de Eastwood (y esto tal vez ya haya sido corroborado en algún texto histórico), la historia fue completamente distinta. La bandera fue izada por otro grupo de hombres, e inmediatamente retirada al ver los altos mandos las posibilidades que tenía como símbolo de propaganda. Ahí fue cuando entraron Gagnon, Bradley y Hayes, junto a otro grupo de soldados a poner la bandera de repuesto, luego de que sus sucesores ya habían batallado con las tropas japonesas en la colina. Y fue esa imagen la que se capturó y que luego se volvió famosa en el mundo entero.

Los tres hombres saben que estuvieron ahí, pero sobre el resto, queda la duda (la foto no muestra ningún rostro). Y al saber que ellos fueron un mero reemplazo para los verdaderos soldados que emplazaron la bandera, el saberse unas herramientas de publicidad del gobierno termina por afectarlos. Gagnon disfruta de la atención, el volverse una super-estrella y Bradley trata de mantenerse al margen del circo. Hayes, por su parte, es el que más sufre. Lleno de culpa por haber dejado en el campo de batalla a sus compañeros, encuentra refugio en el alcohol, lo que lo vuelve una persona violenta y resentida. De lejos, es la honesta y emotiva actuación de Adam Beach lo que queda en la memoria.

Lo que Hayes siente es el mensaje que Eastwood trata de dar con esta película. Ser un héroe implica mucho más que sobrevivir y hacer grandes cosas; estos tres hombres tuvieron su valor, pero así también los demás soldados que murieron en Iwo Jima y que por el sólo hecho de no haber vuelto, la historia los ha condenado al olvido. Es un recordatorio del valor de todos estos soldados, y de que cada uno luchó por su país y merecen ese reconocimiento, uno que no se puede encapsular en una sola fotografía.

Con esto, la batalla pasa a un segundo plano; ciertamente, las escenas de combate son emocionantes y filmadas con una crudeza y poder innegables, en una técnica que se viene usando desde que Steven Spielberg demostró su efectividad en Rescatando al Soldado Ryan: mostrar los horrores de la guerra sin adornos. Pero la batalla es apenas el punto de partida para una historia cuyo único defecto es tal vez querer abarcar demasiado: las escenas en el presente, con el hijo de Bradley escribiendo un libro, resultan a la larga innecesarias y sólo aportan demasiado melodrama llorón a un film que no lo necesita.

Es una buena lección de historia respecto a una batalla clave en la II Guerra Mundial, que tuvo mucho más importancia de lo que puede mostrar una verdadera fotografía. Eastwood dirige con la mano de un maestro, evitando excesivo patriotismo en una historia que pudo haberlo tenido a raudales (no tiene empacho tampoco en criticar al gobierno estadounidense de la época, sus afanes de seguir la campaña y la poca consideración que tenían con los hombres caídos). Interesante película, de un director que ya demostró hace rato que no tiene que demostrarle nada a nadie.

¡Que venga Cartas desde Iwo Jima!

lunes, enero 08, 2007

La historia se repite

Voy a hacer un parentésis entre tanta crítica para comentar una situación que ya se viene repitiendo cada año y que cada vez me parece más cómica...

Como siempre, los críticos que se precien de ser importantes publican en el mes de diciembre sus listas de los mejores estrenos del año, dando pie a comentarios, comparaciones y críticas. Yo también lo hago como podrán ver y más que nada termino en desacuerdo con todo el mundo.

Hace algunas semanas, me encontraba leyendo estas listas en el suplemento Luces de El Comercio y me di cuenta que todos los críticos de dicha institución coincidían en una crítica que ya se viene repitiendo a cada rato: la pobre calidad de los estrenos en la cartelera comercial, la falta de películas más "de peso", "artistícas" o como quieran llamarlas, la conclusión general de que el 2006 fue muy pobre para la cartelera y ojalá esta situación mejore para el 2007.

Algo me dice que a fin de año van a estar deseandole lo mismo al 2008. Y esto es algo que no sólo sucede aquí sino en todos los países: los criticos se lamentan de lo malo de su cartelera y proclaman que "tal o tal año ha sido el peor". Y así sucesivamente, se va repitiendo como un círculo vicioso.

No niego que hay varias películas en cartelera que están de más (Ya sean gringadas como Deck the Halls y mientras menos hable del Ratón Pérez o la treintena de animalitos animados que parecen salir a cada rato), pero hay algo que estos ilustres críticos parecen no tomar en cuenta a la hora de quejarse. Desgraciadamente, la cartelera no está hecha para ellos. Las distribuidoras traen películas pensando en el público en general, esa gente que va al cine sólo de vez en cuando y sólo para divertirse, no para criticarle a una película hasta los créditos.

Esto igual es un negocio y las distribuidoras obvio, desean que las películas tengan buenos resultados. Que mejor manera trayendo películas reconocibles y que la gente va a ir a ver... los criticos que buscan filmes más profundos o de mayor peso, son una minoría. Yo digo, simplemente, es lo que hay y si no te gusta, no vayas al cine en vez de quejarte tanto.

Bueno, ahora volvemos a las críticas acostumbradas... ¿verdad que El Ilusionista está bastante buena?

sábado, diciembre 30, 2006

Lo Mejor del 2006

Al igual que el año pasado, les presento aquí las diez mejores películas del año (según yo). A diferencia de la otra vez, sí estuve más o menos puesto al día con los estrenos, por ende tuve más de donde escoger. Así que si encuentran que esta lista se parece demasiado a la de otros críticos, será tal vez por eso. Aquí vamos.


10. BROKEN FLOWERS de Jim Jarmusch

A primera vista, una de esas películas lentas y pretenciosas hechas para los críticos especializados - el tipo de película que yo suelo evadir como una plaga. Pero tras verla dos veces, me encontré con una simpática y melancólica comedia de situaciones sobre un mujeriego en desgracia que va en busca de la posible madre de su hijo. Una excelente actuación de Bill Murray, en lo que se ha vuelto un nuevo estilo actoral para él (este hombre puede comunicar vólumenes de emoción con una sola mirada) mantienen a flote el fascinante viaje, donde la identidad de la madre pasa a segundo plano para concentrarse en un hombre decaído tratando de justificar su propia vida.

9. JARHEAD de Sam Mendes

La Guerra del Golfo fue bastante distinta a lo que pintaba la CNN. En vez de valerosos soldados peleando contra el régimen de Saddam, el filme de Mendes nos muestra la realidad: un grupo de rednecks deseosos de apretar el gatillo aburridos en pleno desierto esperando que empiece el conflicto. Y tras esto, el regreso a la civilización y una vida normal se hacía cada vez más difícil. Entretenida película cargada de humor negro, una hábil crítica a la intervención gringa en este tipo de conflictos, pero no la típica película bélica. Es más, no sucede mucho, pero el interés se mantiene.

8. V FOR VENDETTA de James McTeigue

Una de las mejores adaptaciones de cómic que se hayan hecho, aún si el propio Alan Moore dice odiarla. En un futuro dictatorial influenciado (entre otros) por 1984 de George Orwell, una figura enmascarada emerge para oponerse al régimen, en esta entretenida mezcla de ciencia ficción y critica política. Además de ser un espéctaculo visual, el filme tiene varios comentarios que hacer sobre la naturaleza del terrorismo y la influencia de cierto superpoder en las relaciones internacionales de hoy. Buenas reflexiones que están ahí para el que las quiera buscar, de mano de un carismático y verborreico espadachín. Pero ojo, no es una película de acción como prometían los avances, así que cuidado con eso.

7. CAPOTE de Bennett Miller

"A Sangre Fría" fue la obra cumbre del escritor Truman Capote y también la que lo destruyó. El facinante filme de Miller detalla la investigación del autor para su libro, particularmente su enfermiza relación con uno de los asesinos, una co-dependencia en la que ambos se manipularon para conseguir lo que querían: Capote quería terminar su libro y Perry quería demorar su ejecución. Un sorprendente Phillip Seymour Hoffman revela la caída en desgracia de Capote, desde un autor celebrado hasta un hombre solitario y propenso al alcohol y a las drogas. Excelente tema para una película que cobra aires de crónica periodistica (no es una película emocional), con un interesante tema.

6. MATCH POINT de Woody Allen

Woody Allen se muda a Londres y cambia completamente de registro para este sólido filme. Ya no está el típico humor neurótico de Allen (ni un personaje que haga las veces del autor), sino más bien se trata de un drama adulto sobre un peligroso triángulo amoroso con nefastas consecuencias. El sorprendente tercer actor, lleno de sorpresas, lo eleva de ser un drama convencional a algo mucho más oscuro, un thriller de bajo perfil con un sociopático protagonista que tiene mucho del recordado Tom Ripley. Un acierto de Allen tras años de haber sido ignorado por público y crítica.

5. THE DESCENT de Neil Marshall

Justo cuando muchos piensan que el género de horror está en decadencia y repitiendose demasiado, surge un cineasta como Marshall para demostrar lo contrario. Una premisa que bien podría aplicarse a una película barata de Cine B - un grupo de mujeres explorando cavernas se enfrenta a una raza de caníbales subterraneos - en manos del experimentado realizador se convierte en un tenso y claustrofóbico ejercicio de suspenso que nunca se detiene, manteniendo al espectador al borde del asiento de principio a fin, además de crear personajes creíbles por los que se puede sentir algo. El género de horror aún puede dar sorpresas y El Descenso es prueba de ello. Para verla mordiendose las uñas.

4. EL AURA de Fabián Bielinsky

La inclusión de El Aura en esta lista es bastante parcializada de mi parte. Me chocó la muerte de Bielinsky este año, luego de haberlo conocido en Sundance como una persona sencilla y que conocía de su oficio. Su segundo filme, completamente distinto a la genial Nueve Reinas, es un ejercicio de cine negro puro, ambientado en la Patagonia y con más de una sorpresa para el espectador que sea paciente con su ritmo pausado y lento. Ricardo Darín entrega otra excelente actuación en una película con muy buen trabajo técnico, que daba fe de la habilidad de Bielinsky para contar una historia. Una pena que se haya ido tan pronto, aún tenía mucho que demostrar.

3. OLDBOY de Park Chan-Wook

Film coreano con una premisa irresistible - un hombre es encerrado en un cuarto por quince años sin saber por quien ni por que, y una vez liberado sólo pensara en vengarse - es el punto de partida para una examinación sobre la venganza y las repercusiones que puede tener. Tal como demuestra este filme, puede llevar al ser humano a límites insospechados, a una caída de donde no hay retorno. Enredada, cruda y sorprendente, es una muestra de lo que puede lograr el cine asiático, que no tiene problemas en tocar temas que Hollywood evitaría como la plaga. Hay que ver hasta donde son capaces de llegar los dos protagonistas de esta película, ambos obsesionados con la venganza sin pensar en todo lo que acarrea.

2. GOOD NIGHT AND GOOD LUCK de George Clooney

Simple, corta, pero no por eso menos poderosa, la segunda película de Clooney es un recuento casi estilo documental sobre la batalla entre el periodista Edward R. Murrow y el senador anti-comunista Joseph McCarthy en la década de los 50. Obviando sentimentalismos o dramas innecesarios, el film se concentra sólo en los hechos, ofreciendo no sólo un valioso documento histórico, sino una reflexión sobre el verdadero poder los medios de comunicación y como hoy en día está siendo usado de manera equivocada, para mantener desinformado al publico, tal como sucedió en aquel entonces. Hacen falta más periodistas como Murrow, sin temores para enfrentar a la verdad y sus consecuencias. Una película simple que ofrece muchos temas para la reflexión, y de ahí nace su efectividad.

1. THE DEPARTED de Martin Scorsese

Scorsese vuelve al género criminal con una de sus mejores películas, un drama sobre la mafia irlandesa de Boston a través de dos individuos distintos: un criminal infiltrado en la policía y un conflictivo agente de la ley infiltrado en la mafia. Una vez que ambos descubren esto, se inicia una tensa carrera del gato y el raton para desenmascararse, en una historia trágica y épica. Un reparto inmejorable (DiCaprio y Nicholson están sublimes), excelente dirección, una banda sonora impecable y un guión bien construido, con un sorpresivo final, marcan esta impresionante historia policial, uno de los mejores filmes de Scorsese y de lejos, la película más entretenida del año. Si Marty no recibe algún premio por esta (luego de haber sido rechazado varias veces), va a ser una total injusticia. Obra maestra.



Y con esto, cerramos un 2006 donde me he visto ya demasiadas películas... nos veremos el próximo año con más críticas y comentarios para su disfrute, y ojalá que ahora si me ponga a escribir más seguido...

Una pequeña aclaración: sé que varias películas en esta lista están desactualizadas, la gran mayoría son del 2005 (Oldboy es de hace tres años), pero para esta lista estoy trabajando exclusivamente con los estrenos de este año... y como se sabe, la cartelera limeña se demora siglos en traer ciertas películas y a otras las ignora por completo... de ahí a que parezca algo antigua. En otras palabras: ¡ES LO QUE HAY!

Sobre las peliculas en esta lista, las recomiendo todas!

martes, diciembre 26, 2006

El Dragón no Alza Vuelo

El éxito de El Señor de los Anillos trajo de vuelta al género fantástico, que muchos habían dado por muerto hacía ya años. La trilogía de Peter Jackson se convirtió en un modelo a seguir para cualquier franquicia en el futuro, pero lo cierto es que en el negocio de Hollywood, una vez que se encuentra una moda, la explotan hasta que ya no dé más, a veces sin pensar siquiera en la calidad. Esa es la única explicación para la existencia de algo como Eragon, que ha sido publicitada como la digna sucesora cinematográfica de Tolkien. Bastante ilusos los encargados del marketeo.

Paolini empezó a escribir Eragon la novela cuando tenía apenas 15 años. Eso explica el porque parece las fantasías locas de un niño que ha sido criado en cine fantástico desde la infancia, particularmente la trilogía Star Wars. Todas las críticas lo han mencionado y aunque no es bueno hacer comparaciones, el plagio resulta tan obvio que es bien difícil pasarlo por alto.

Avísenme si se saben esta: un joven granjero, Eragon (Ed Speleers, en un debut para nada auspicioso) descubre un día un dragón bebé, que en tiempo récord (o para no demorar la película) crece a la adultez y le revela que es el elegido en una profecía para detener el reinado de terror del malvado Galbatorix (John Malkovich, debería darte vergüenza). Con la ayuda de un sabio guía, Brom (Jeremy Irons, el único que logra salir bien parado de todo el asunto), Eragon parte a hacer contacto con una banda de rebeldes escondidos que se oponen al imperio, seguido de cerca por Durza (Robert Carlyle), el peligroso secuaz del rey.

Tan obvio es el plagio que hasta se dieron el lujo de copiar una escena de la trilogía de George Lucas. ¿Recuerdan cuando Darth Vader mata a uno de sus súbditos usando la Fuerza por haber fracasado y al momento promueve a otro más? Reemplacen a Vader con Durza y es exactamente lo mismo. Pero no sólo se trata de un plagio: este es el debut de Stefen Fangmeier en la dirección (luego de años trabajando en efectos especiales, que lejos son lo mejor aquí) y se nota, porque tiene varios otros problemas.

Ninguna película fantástica que busca ser épica y memorable puede durar menos de dos horas. La trilogía de Peter Jackson, en su versión completa, dura 11 horas. Uno acaba con el trasero dormido y con unos dolores de pierna horrendos, pero logra su cometido: sumergirnos en un mundo distinto y mágico, y hacer que nos importe. Al costado de tamaño esfuerzo, los 100 minutos de Eragon son casi una burla. El film se pasa demasiado rápido y no da tiempo para profundizar en nada, dejando varios detalles como meras añadiduras a último minuto para darle color, como es el caso de un intrépido aventurero (La versión eragoniana de Han Solo) y el enorme y melenudo moreno líder de los rebeldes (¿Chewbacca?) que aparecen casi al final y no hacen prácticamente nada, como si el guión no supiese que hacer con ellos. Y esta es la impresión que da Eragon : un producto hecho a la carrera y sin mucho pensar, sólo para aprovechar una moda que en un par de años seguro se extinguirá.

Claro, es la primera parte de una trilogía y de seguro, si es que logran hacer las otras dos, puede que mejore: pero este no es un buen comienzo, con un protagonista que tiene el mismo carisma que una piedra. Al final, la taquilla manda y la merecida vapuleada que ha recibido Eragon hacen de una secuela algo difícil. Por lo pronto, prefiero ver de nuevo las 11 horas de El Señor de los Anillos para ver como le hacen verdadera justicia al género fantástico que soplarme este film otra vez.

martes, diciembre 19, 2006

Bond en Pañales


Soy ignorante en lo que se refiere a las aventuras cinematográficas del súper agente James Bond. Aparte de ver las intervenciones de Pierce Brosnan en el papel (y eso sólo cuando no tenía otra cosa que ver), nunca me han llamado la atención, por la misma razón por la que no soporto a Steven Seagal: es demasiado perfecto. Bacán hasta decir basta, un capo a quien nadie toca, los malos no le hacen daño, ni se despeina. (Soy tal vez el único crítico que se atreve a hacer semejante comparación)

Además de esto, me parecían películas demasiado fantasiosas. Acepto que una serie sobre un súper espía tiene que sacrificar ciertos aspectos de la realidad, pero ya con la última entrega, Otro Día para Morir, la saga llegó a niveles de caricatura demasiado ridículos: palacios de hielo, autos armados hasta los dientes, armaduras generadoras de electricidad y la increíble imagen de Bond surfeando en un glaciar con un paracaídas y sobre la puerta de un automóvil (Y me abstendré de mencionar la horrenda canción de Madonna).

Y ahora viene Casino Royale, adaptación de la primera novela escrita por Ian Fleming (que ya ha sido hecho antes, en una parodia con Woody Allen que dicen es un bodrio), con un nuevo actor calzando el smoking: Daniel Craig. No me he vuelto fanático aún, pero si la idea era reiniciar de nuevo la serie, esta entrega hace un perfecto trabajo.

Este es un Bond distinto al que estamos acostumbrados. Es su primera misión, capturar a Le Chiffre, un banquero que financia terroristas, mediante un juego de póquer. Y como todo novato, aquí Bond comete errores. A diferencia de anteriores entregas, no es un superhombre, se acerca más a John McClane: recibe castigo tras castigo, pero insiste. Casi pierde el juego, es torturado, recibe palizas, frustra su primera misión, es envenenado y para colmo hace trizas un pedazo de auto como el Aston Martin. Tampoco bebe sus acostumbrados Martinis y, por primera vez en mucho tiempo, se enamora.

Craig hace de Bond un personaje vulnerable, más humano; la relación con Vesper Lynd también trae consigo ingeniosos diálogos entre Craig y Eva Green; y aunque cerca del final tanto amorío ya empieza a desgastar y alargarse demasiado, lo que sucede define en lo que luego se convertirá Bond: carismático, pero frío, sin confiar en nadie y concentrándose en su trabajo. Se podría decir que sin lo ocurrido en el tercer acto, Bond no sería el personaje que ya hemos visto en 20 filmes anteriores.

En cuanto a las escenas de acción, también sufren cambios: atrás han quedado las hazañas imposibles de caricatura. Este Bond no es elegante: es brutal, violento y va directo al grano. Regresando a la serie luego de Goldeneye, Martin Campbell hace un buen trabajo en estas viscerales secuencias, demostrando su habilidad tras cámaras. Tienes que ser un buen director para poder sacarle tensión a un juego de póquer, el cual de seguro pude haber disfrutado más si es que supiese como diablos se juega.

La única crítica que puedo hacer es que es demasiado larga. Como dije, tanta escena de amor al final empieza a cansar. Pero lo cierto es que con esta entrega Bond ha renacido, en vez de convertirse en la caricatura que estaba vislumbrando. Quien sabe adonde vaya la serie desde acá, pero es un buen comienzo.

sábado, diciembre 09, 2006

De vuelta...

Saludos a todos...

Debo pedir sinceras disculpas a los cuatro gatos que leen esta página y que aguantan con mucha paciencia mis desvarios sobre el universo cinematográfico... por una combinación de flojera y trabajo no he podido actualizarlo demasiado, he estado trabajando un mes en Chancay y aunque en lo laboral todo bien, debo decir que es uno de los pueblos más aburridos que he visitado, casi tanto como esos bicicleteros de nombres raros que quedaban camino a Reno (mis disculpas a cualquiera que sea de Chancay).

Como se imaginarán, no he tenido acceso a un cine desde hace ya mucho tiempo y me he tenido que contentar con ver el ciclo de Hollywood en Panamericana, donde me di con la sorpresa de que la recordada Juego de la Muerte, donde Bruce Lee pelea con el futuro basquetbolista Kareem Abdul-Jabbar en aquel icónico traje amarillo (y de paso cumple el sueño de muchos al darle una soberana paliza a un joven Chuck Norris), sólo tiene al gran Bruce en los últimos quince minutos de película (debido, obvio, a su misteriosa muerte).

También me di cuenta que Panamericana tiene un fetiche aberrante con las películas de artes marciales, especialmente con Jackie Chan (donde cada golpe suena como una cachetada) y Retroceder Nunca, Rendirse Jamás debe tener unas 17 secuelas (empezando por aquella donde un mocoso karateca recibe ayuda del espiritu de Bruce Lee para pelear con Van Damme haciendo de matón ruso (y no me estoy inventando esto).

Pero bueno, ahora que se acaba el trabajo, espero volver de vuelta a mi ritmo cinéfilo y poder actualizar esta página más seguido. Tengo toda una pila de DVDs (piratas, obvio) esperándome en la sala a que los haga trizas.

Por último: Los Infiltrados es un peliculón, una de las mejores del año y si Scorsese no recibe un premio ya debería jubilarse. Bien merecido lo tiene. Vayan a verla.

sábado, octubre 28, 2006

Corre, Jason, Corre


Chev Chelios (Jason Statham) es un asesino a sueldo que está a punto de tener un mal día. Le han inyectado en las venas un menjunje llamado el Cóctel de Beijing - el cual le reduce los latidos del corazón hasta provocarle un infarto. Para mantenerse vivo y cobrar venganza, Chelios debe mantener su nivel de adrenalina alta en todo momento.

Esta es la simple premisa de Crank, de los debutantes Mark Neveldine y Brian Taylor, una suerte de variación de Corre Lola Corre de Tom Tykwer, sólo que reemplazando a Franka Potente con un matón desalmado que no está de buen humor.

Esta es tal vez una de las películas más aceleradas que he tenido el gusto de ver: se nota con el frenético estilo directorial que Neveldine y Taylor tienen sus raíces en los videoclips y el ritmo desenfrenado no deja tiempo para pensar: Chelios debe mantenerse vivo y para eso hace todo lo que sea posible, desde provocar pelea con matones negros, aplicarse electroshock, hasta utilizar a su novia para cumplir una de las fantasías que todos llevamos dentro (en lo que de seguro será una de las escenas más memorables del año).

Crank es así un film diferente, una dosis de adrenalina para matarse de la risa y pasarlo bien, anclada por un Jason Statham que ya se está volviendo experto en hacer de matones cool. Esperemos que esta película llegue a cartelera. Vayan a verla, disfruten y antes que se den cuenta la carrera contra el tiempo de Chev Chelios llega al límite y se acaba.

¿Recuerdan el bus de Maxima Velocidad? Aquí, Chelios es el bus y Keanu Reeves a la vez. No se la pierdan,

martes, octubre 24, 2006

Godard! a la Española

Se viene otra edición de su revista favorita (y mia) Godard!, esta vez con una edición especial en ocasión del IV Festival de Cine Español, con lo mejorcito del séptimo arte del país ibérico...

La presentación será este viernes 27 de Octubre a las 7:15pm, en el Centro Cultural de España, con ejemplares para todos los visitantes... se recomienda altamente el especial del único e inigualable Alex de la Iglesia, al igual que el ciclo de documentales, donde destaca un delirante pedazo de propaganda politica a favor del Generalisimo Francisco Franco que tiene que ser visto para ser creído...

El Festival arrancó esta semana, así que... ¡Disfruten!

sábado, octubre 14, 2006

Perdiendo el Control

Adam Sandler empezó su carrera como uno de los tantos comediantes en el estelar de Saturday Night Live en lo que sería la mejor época de ese programa institución de la televisión gringa. Tras esto, hizo un paso natural al cine, siempre haciendo de aquel idiota de buenos sentimientos, un niño atrapado en el cuerpo de un hombre, un patán que se la pasaba gritando y agrediendo a todo el mundo pero que aún así caía simpático. En este proceso Sandler se hizo millonario, fundó su propia productora y se ganó fanáticos por todos lados.

Pero en algún momento Sandler pensó en madurar y tras algunos falsos comienzos (el papel de Jamie Foxx en Colateral era originalmente suyo), empezó a mostrar otra cara: primero en Embriagado de Amor de Paul Thomas Anderson y luego en Spanglish de James L. Brooks, donde pudimos ver al comediante alejado del humor cochino por el que se le conoce.

Claro, aún así se mantuvo la fórmula Sandler que tan buenos dividendos le ha dado, pero desde ya se nota que los días de Billy Madison han quedado atrás. Y esta mezcla está bien ejemplificada en Click, aquella comedia que acaba de pasar sin pena ni gloria por la cartelera local, una fantasía sobre un trabajólico que encuentra un control remoto universal que le permite controlar su propia vida, hasta que todo se sale de control.

Al principio parte como cualquier comedia tonta: el tipo usa el control para saltarse momentos aburridos, como ir al trabajo o ir al baño, para revisitar momentos de su propia vida, para agarrar a combos a su jefe (David Hasselhoff haciendose carrera burlándose de sí mismo) o tirarse un pedo en su cara, para meterle un pelotazo en la cara al irritante hijo del vecino, en fin - cosas que a todos nos gustaría hacer.

Hasta que el control empieza a pensar por sí mismo, y... bueno, olvidando por un momento que se trata de una película de Sandler, lo que le pasa es sencillamente horrible. Y no me averguenzo de decirlo: solté la lágrima. Me hizo llorar bastante... pero no diré más, puede que este cambio de tono de comedia tonta a una fábula dramática al mejor estilo de una película de Frank Capra (todos dicen que se parece mucho a It's a Wonderful Life, pero no puedo opinar porque nunca la he visto) sea muy abrupto, pero la película hasta deja una enseñanza, nada complicado: hay que vivir la vida a full y aprender a apreciar los detalles.

Sí, aprendí una lección de una película de Adam Sandler. Y lloré. Se nota a leguas que soy fanático de este hombre, ¿verdad? Click al menos es entretenida, nada fuera del otro mundo, pero se nota que el otrora niño idiota quiere crecer. Hay que reconocerle eso.

lunes, octubre 02, 2006

Shakespeare a lo Pacino

Durante un tiempo en la década de los noventa, hacer adaptaciones de obras de Shakespeare se volvió una moda en Hollywood y casi siempre bajo la batuta del inglés Kenneth Branagh, que se volvió sinónimo con las celebradas obras del Bardo. Pero, como cualquier moda pasajera, esta costumbre se fue perdiendo (así como muchos siguen esperando que la fiebre de los remakes se acabe algún día), hasta que Shakespeare dejó de ser tan común. Es por ello que cada nueva adaptación es recibida por fanáticos con mucho entusiasmo, como es el caso de El Mercader de Venecia.

Bajo la dirección del inglés Michael Radford – recordado por la emotiva Il Postino y por darnos a muchos el incontable placer de contemplar a una desnuda Asia Argento en B Monkey – la película narra las desventuras de Bassanio (Joseph Fiennes), que en la Venecia antigua está perdidamente enamorado de la deslumbrante Portia (Lynn Collins), una mujer que somete a todos sus pretendientes a una dura prueba con tres cofres para ver si son dignos de ella. Al no tener ni siquiera el dinero para ir a verla, Bassanio pide ayuda a su mejor amigo - y si se creen algunas maliciosas interpretaciones, también amante – Antonio (Jeremy Irons), que se encuentra tal vez en igual o peor situación. Sin remedio, acuden al judio Shylock (Al Pacino), un prestamista resentido por años de maltrato de parte de las autoridades venecianas hacia su pueblo.

Según los entendidos, la obra original de Shakespeare es una comedia, pero uno no se da cuenta viendo esta adaptación. Aunque sí existen momentos ligeros, particularmente cuando los pretendientes de Portia sudan frío con la prueba de los cofres (que hace a uno pensar si de veras vale la pena tanto circo para casarse), el resto de la película transcurre con muchas dosis de drama y seriedad, utilizando los diálogos originales.

Tal vez esto no haya tenido mucha relevancia en los tiempos de Shakespeare, pero lo cierto es que esta obra a ratos es bastante anti-semita. Shylock no es una caricatura, pero sí tiene unas marcadas características que muchos malpensados asocian con la comunidad judía: avaro, una fiera para los negocios, egoísta y frío como el hielo. Pero más que nada esto se siente en como lo tratan durante la película: al igual que sus compatriotas, se encuentra marginado dentro de Venecia y al final, luego de una lograda y tensa secuencia en una corte, no sólo le quitan todo lo que tiene, sino que lo humillan de la peor manera posible al obligarlo a convertirse al Cristianismo mientras todos se ríen y le escupen a los pies. Estoy seguro que esa no era la intención, pero a ratos se siente.

Es interesante entonces que Shylock sea el personaje más interesante de la película y mucho de esto tiene que ver con la lograda interpretación de Al Pacino. A pesar de caer en lapsos muy propios de su estilo (léase: gritar mucho), el actor logra hacer del judío una figura torturada, que no hace las cosas por malicia sino como una retribución por el maltrato recibido por su pueblo durante años. Shylock sabe que es una persona resentida, que actúa motivado por venganza y un odio no revelado hacia Antonio y basta con ver sus ojos para ver un alma cansada, que no quiere soltar la idea de conseguir retribución. Pacino entrega una sólida actuación, que, aunque bien secundada, eclipsa a todas las demás.

El mayor obstáculo a la hora de enfrentarse a una adaptación de Shakespeare es el diálogo. Escrito en inglés antiguo, a ratos se alarga en unos incesantes monólogos que amenazan con poner a uno a dormir; pero una vez que uno se acostumbra a que se necesiten más de cinco minutos para decir algo que se pueda expresar en pocos segundos, se encuentra con unos diálogos poéticos, muy bien construidos. El problema está en condensar una obra de teatro en dos horas, lo que significa que hay muchas escenas de más, incluida una torpe e inútil secuencia final entre dos parejas de amantes discutiendo por unos anillos perdidos; una escena que no tiene ni pies ni cabeza y tampoco venía al caso. Para mí, la película termina junto con la caída de Shylock, quien reitero, es el elemento más interesante del film.

No puedo negar el impecable trabajo técnico. Filmada en Venecia, con su antigua y bella arquitectura, esta película tiene la capacidad de transportarte a la ciudad en épocas pasadas, en todo su esplendor (y con olor a desagüe), a través de una lograda fotografía y una impecable banda sonora que pareciera una corte de juglares está tocando a tu costado. Radford no escatimó esfuerzos y lo cierto es que El Mercader de Venecia es una película bonita de ver. Cuenta además con una historia interesante, producto de una de las plumas más reconocidas de la literatura. Tengo que agradecer a la amiga con la que la fui a ver; creo que sin ella ni me hubiese enterado que existía. Entretenida película que, a pesar de sus fallas, es una grata sorpresa dentro de la cartelera local.

sábado, setiembre 16, 2006

Huevadas

Hace algunos años empezó a circular por Internet una simpática animación Flash donde tres huevos con manos y pies y con vestimentas sacadas de una obra de Shakespeare recitaban poemas mientras hacían brindis con vino. ¿Ya se acordaron? Conforme avanzaba el “recital”, quedaban progresivamente más ebrios hasta caer en un estado lamentable y hablando incoherencias, mientras que todos nos orinábamos de la risa.

Esto fue obra de los hermanos Gabriel y Rodolfo Riva Palacios, creadores de Huevocartoon, página residente de miles de animaciones con huevos de protagonistas. Más de uno se llevó una decepción al entrar y descubrir que había que soltar dinero para seguir disfrutando, (había que ejem, ser bien huevón) pero la popularidad de estos Flashes fue en aumento. Y como suele pasar con personajes populares que se expanden con merchandising por todos lados, en algún momento tenían que llegar al cine, y como resultado tenemos Una Película de Huevos, producto que al momento de su estreno en México venció en taquilla a un monstruo como Tom Cruise y su Misión Imposible 3. Aquí, verla en Polvos Azules parece ser la única opción.

Esta es la historia de Toto, un huevo que nace un día con la firme intención de ser un pollo en vez del desayuno. Acompañado por un soldado hablador llamado Willy y un pedazo de tocino mudo y algo bruto llamado, sorpresivamente y en un gran toque de originalidad, Tocino, parten en busca de las Granjas “El Pollón” (sin relación a cierto huarique de comida al paso local), pasando por miles de aventuras en el camino.

Lo que hacía entretenido a los Flashes era su humor de doble sentido y a ratos subido de tono – basta ver como ejemplo a los Huevos Poetas y sus alcohólicos recitales, donde mear en un vaso de vino y hacer alusiones sexuales demasiado obvias estaba a la orden del día. Sin embargo, eso es justamente lo que le falta a la película. En un afán por alcanzar al público infantil (que es el que más consume animación, desgraciadamente), este humor subversivo ha sido drásticamente removido para dar paso a algo para toda la familia, aunque aún quedan por ahí visos de los flashes. Sí, los Poetas hacen su esperada aparición, pero no es como uno espera; se extrañan otras luminarias como Osama Bin Huevo o los Huevos Rancheros, la versión Huevocartoon de Brokeback Mountain (Se nota que tengo tiempo para ver estas tonteras).

Para los más chiquilines, tenemos una moraleja: aprende a encontrar tu propio camino, sé leal a tus amigos, y no sé que otras sensiblerías más de las que estoy seguro aprenderán. ¿Saben que? Aún así, me gustó. Entretenida, al menos, pero de nuevo, para los más mocosos; no le llega ni a los talones a los flashes. Algunos momentos simpáticos por ahí: El libro “La Reencarnación es Posible” de Brian Maiz (Weiss), un huevo moreno (un huevo de chocolate que no encontraron la Pascua pasada) llamado “Huevay Segundo” y el agente secreto “Von. Hue Von.”. Digamos que uno se vuelve a sentir como un niño… un niño huevón, claro.

Admítanlo: da curiosidad. Los flashes están mejor, pero para entretener a tus sobrinitos, está perfecta. Frase para el bronce: “Eres como mi huevo derecho.”

miércoles, setiembre 13, 2006

La Jefa del Infierno

En la historia del cine, existen varios ejemplos de jefes infernales. Aquellos que tratan a sus empleados como cualquier cosa, abusan de su propio poder y en general son villanos irredimibles. Seres como Gordon Gecko (Michael Douglas) en Wall Street o Buddy Ackerman (Kevin Spacey) en Nadando con Tiburones son representaciones ficticias de aquellos jefes tiránicos que nadie quiere tener y a los que todos balearían sin pensarlo dos veces.

Ahora otra luminaria se une a las filas de los gerentes de terror: Miranda Priestly, editora de la influyente revista de modas Runway, en El Diablo Viste a la Moda, del debutante David Frankel, director de series de televisión como Entourage, uno de los más recientes éxitos de HBO sobre un actor de cine engreído y su collera de amigos vagos que se le suben al carro (Así es: no la veo).

Al igual que los ejemplos arriba mencionados, Miranda es Satanás reencarnado. Fría, seria, mandona, siempre recibe lo que quiere, capaz de mandar al piso toda una línea de ropa con un gesto, es la reina en un imperio frivolo y superficial donde todos sufren y están al borde del colapso por satisfacerla. Y así lo comprueba en carne propia Andy Sachs (Anne Hathaway) una idealista e inocente periodista (y no quedan muchos de esos) que, a pesar de querer estar en el New Yorker escribiendo historias de corte social, acaba en una revista de modas donde todos viven para la ropa y demás tonterías, cuando ella no tiene ni una pizca de fashion sense, como se lo hacen recordar todos los habitantes neuróticos y pesados de la publicación.

La razón de peso para ver esta película es Meryl Streep, que está sencillamente genial. Con un frondoso peinado estilo Cruella de Vil y un genio para hacerle juego (con la única diferencia que esta no mata perros), Miranda, por falta de una mejor palabra, es una perra desgraciada: abusa de todo el mundo sin reparos. Streep demuestra con este papel su versatilidad como actriz, todo en clave comedia (porque una persona así en la vida real sería para estrangularla). Tanto es así, que el film pierde mucho cuando ella no está en escena, y lo mismo va para dos de sus coestrellas: Emily Blunt como una sufrida secretaria malas pulgas y Stanley Tucci como un pesadísimo redactor.

Esta es una sátira sobre el mundo de la moda, un ataque a una industria que ya hace buen rato se lo tiene merecido, un mundillo de modelos tontas, más delgadas que perfil de galleta y que se imponen huelgas de hambre, un lugar donde sólo importa la ropa que usas y donde la pinta, lo es todo: lo que uno ve por Fashion TV cualquier día de la semana, un campo con muchos blancos fáciles para el humor.

Pero no contento con eso, Frankel se ve obligado a incluir un melodrama simplón que amenaza con hundir lo que estaba siendo una perfecta comedia ácida: Andy literalmente se pasa al lado oscuro, se convierte en otro esclavo de Runway y con el tiempo se llega a dar cuenta de sus errores. Nada nuevo por ese lado, y aunque al final amenaza con aburrir, hay un suficiente nivel de humor para compensar.

Y menos mal no quisieron humanizar a Miranda: dan razones por lo que ella es como es, pero no por eso se vuelve una samaritana sonriente: es una perra cuando la película empieza, y sigues con ganas de querer asesinarla al final. El Diablo Viste a la Moda es una hábil comedia, recomendada para reír un par de horas; más de uno verá algo de sus jefes en Miranda, la mujer que tiene un glaciar en las venas: con su sola actuación, Meryl Streep hace de ella un personaje memorable, hilarante y odioso sin rayar en la caricatura. Razón más que suficiente para echarle una mirada.

lunes, setiembre 04, 2006

El Cientifico del Sexo

Kinsey, de Bill Condon, es una biografía sobre un personaje muy poco conocido fuera del ambito cientifico norteamericano: Alfred Kinsey, biólogo de profesión que en la década del 50 realizó un controversial estudio sobre la sexualidad del hombre y la mujer, sin escatimar detalles y sacando a la luz varios aspectos que muchas personas preferían mantener en secreto.

Es un tema fascinante para un biopic, especialmente con un personaje tan complejo como el Dr. Kinsey. Brillantemente interpretado por Liam Neeson, al principio el doctor no es muy distinto a otros cerebros con aptitudes nulas para la socialización: se pasa todo su tiempo investigando y catalogando avispas, hasta su matrimonio con Clara (Laura Linney, en otra impecable actuación). Una desastrosa noche de bodas los manda a buscar ayuda y tras resolver el problema (una rápida circunsición), ambos nerds descubren lo dichoso que es el sexo.

Y así, Kinsey cambia de ramas para dedicarse a un exhaustivo estudio sobre la sexualidad del hombre y la mujer, a través de íntimas entrevistas y experimentos (osea, coito) a nivel nacional. Para una década tan conservadora como los 50, esto fue una cachetada, una revelación de cosas que la gente ni siquiera se atrevía a considerar. Kinsey luchó por dar a conocer sus estudios y los resultados valieron la pena: probablemente las clases de educación sexual hoy en día no serían lo mismo sin gente como él.

El film parte al principio casi como una comedia: la ignorancia de la gente sobre el sexo frente a la visión liberal de Kinsey (entre otros problemas que aquejan a los jóvenes, está la posibilidad de quedar embarazada con sexo oral o el poder contraer sifílis de soplar un silbato); sin embargo, llega un momento en que el experimento se le sale de las manos al buen doctor y uno se cuestiona si es que no es producto de un morbo: el promover el sexo libre entre sus ayudantes causa estragos en todas sus vidas personales y la publicación de un segundo tomo sobre la sexualidad femenina casi lo lleva a la ruina.

La película examina todo esto pero sin demonizar a su protagonista: lo que hace es morboso, a ratos enfermo, pero queda claro que es todo en interés de su investigación (como en una simbólica escena donde el doctor enfrenta a un pedófilo pero debido a su posición alejada y neutral no puede juzgarlo); que el hombre no se dé cuenta que se le sale de las manos es otra cosa. Kinsey es una película que recomiendo.

Es raro ver que, a pesar de los esfuerzos de gente como este doctor, hoy en día hay gente que aún considera el sexo un tema tabú y se pone roja al escuchar la palabra "pene" - esto unos 50 años después. Las cosas, al parecer no han cambiado mucho. Película interesante y porque no, hasta educativa.