jueves, octubre 16, 2008

Godard! 17

Tres meses despuès, otro nuevo número de Godard! En esta nueva edición, una vista a la extensa filmografía del veterano Sidney Lumet, incluyendo su más reciente estreno en nuestras salas, Before the Devil Knows You're Dead, una de las mejores películas del año... si no la han visto, la recomiendo con creces.

Además, un vistazo a lo mejor y peor del reciente Festival de Lima, articulos sobre Dino Risi, Bollywood y Anton Corbijn y la acostumbrada disección de nuestra cartelera comercial. Por 10 soles, no está nada de mal, ¿verdad?

domingo, octubre 05, 2008

Cosas de Niños

El género de horror siempre se ha armado sobre clichés. Desde las chicas virginales que por su inocencia eran las únicas sobrevivientes tras el paso de algún psicópata, en slashers ochenteros, hasta la reciente aparición de niñas fantasmas de pelo negro, el repetitivo legado de películas de horror asiático tipo Ju-On o Ringu y sus remakes hollywoodenses que pareciera nunca se acaban.

Mirrors de Alexandre Aja es otro remake de un film asiático, esta vez una producción coreana llamada Into the Mirror (que, obvio, no he visto). Y aquí encontré otro cliché que he notado bastante en historias sobre fantasmas y que me suele fastidiar: el del mocoso que de repente empieza a actuar raro sin razón, y pone nervioso a todo el mundo.

No entendí: sabiendo que los espejos son malvados, la mamá procede a pintarlos todos y deshacerse de cualquier cosa que genere reflejos. Luego, la casa se inunda. Y el niño está inocentemente sacando la pintura de los espejos con un cuchillo porque "no te preocupes, mami, no quieren hacernos daño, quieren jugar". Si yo tuviese siete u ocho años y me dicen que hay fantasmas en los espejos y toda mi casa está llena de agua, mi reacción natural sería: "¡Mamá, hay algo raro en el espejo y ME ESTOY ORINANDO DE MIEDO!"

En vez de eso, los niños, casi siempre retraidos y con demasiada imaginación, se hacen amigos de los fantasmas. Y de repente empiezan a actuar raro. No hablan. Se ponen serios. Miran a todos con caras de piedra. Mientras los padres andan asustados a mil sabiendo que los van a matar en cualquier momento, el niño sólo se sonríe inocentemente y de manera criptica.

Ejemplos: El Aro versión gringa y su secuela (Naomi Watts al borde del colapso y el chiquillo sonriendo con su cara inexpresiva), Señales, Ecos Mortales y el remake de Terror en Amityville, donde la niña sigue a su "amiga imaginaria" para jugar y termina al borde del techo de la casa, con los padres abajo gritando y llorando (No tengo ni idea si esto pasó en la versión original).

Sé que no se le puede pedir mucho realismo a las películas de terror, pero por una vez sería bueno que los niños actuen como niños y se asusten, en vez de volverse autistas, asusten a todos y sean parte del problema. La mayoría de las veces, de por sí ya tienen pinta extraña y eso empeora las cosas.

Sobre Mirrors: Alexandre Aja tiene ojo para dirigir, sabe crear atmósfera, pero la película se pone más y más ridicula y llega a un climax con Kiefer Sutherland baleando a un monstruo que trepa por las paredes que más parece Resident Evil que otra cosa. Eso sí, el final está bastante bueno. Y con eso me ahorré escribir una critica, porque en verdad no tengo mucho más que decir.

martes, setiembre 09, 2008

No te Metas con Neeson


Bryan (Liam Neeson) es un abnegado padre con un matrimonio fallido, una hija que adora y una ex esposa que le hincha las pelotas sin parar. Su hija quiere irse de viaje a Francia y como todo padre, él se preocupa, pero accede. Hasta que su hijita es secuestrada y vendida a una red de prostitución. La frase “te lo advertí” queda chica en estos casos. Resulta que Bryan es un ex agente de la CIA con años de experiencia y llega a París a impartir justicia.

Búsqueda Implacable (en inglés, Taken) es justo lo que reza el título: Bryan arrasa con todo París, matando a todo el mundo sin misericordia para encontrar a su hija. Es una película de acción simple pero efectiva. Al no perder tiempo en detalles – como es que Bryan va a donde quiere sin que las autoridades le pongan un dedo encima, por ejemplo – el film va creciendo en tensión, sin perder energía, siguiendo permanente a un personaje que es como un cruce entre Rambo, James Bond y Papá por Siempre. Neeson es creíble como un padre promedio, pero es también una brutal máquina de matar que no se anda con bromas y se enfrenta solo a los bajos fondos parisinos, rompiendo caras sin pestañear.

Las peleas, persecuciones, torturas y demás actividades recreativas son dirigidas con buen pulso por Pierre Morel, quien anteriormente hizo Distrito B13, otro filme de acción que más parecía una exhibición de parkour. Morel forma parte de la nueva camada de directores franceses – Xavier Gens, Alexandre Aja, Christophe Gans, etc. – que han revitalizado los géneros de acción y horror con un estilo dinámico y elegante. La película no se detiene una vez que Bryan pisa París y Neeson impone presencia en un papel que le da un cómodo lugar entre otros matones que prefieren disparar a matar antes que hacer preguntas, al estilo Charles Bronson. Que la historia tenga lapsos de lógica es lo de menos, aún más si viene de la alucinada mente de Luc Besson, responsable de prácticamente todas las películas de acción que salen de Europa últimamente.

Cualquier pretensión de querer ser profunda queda de lado. Ciertamente, el tráfico de humanos es algo horrendo y muy real en varias partes del mundo, donde más de una autoridad está metida, pero aquí es sólo telón de fondo, apenas un vistazo a una situación que debería preocupar. Este film tiene una sola meta: Liam Neeson masacrando a todo París. Y no se desvía de eso en ningún momento, dando como resultado una buena inyección de adrenalina donde es fácil simpatizar con un padre desesperado.

miércoles, agosto 27, 2008

Babilonia A.D.


Desde su aparición en Hollywood en 1998, estaba cantado que Vin Diesel pasaría a formar parte del panteón de rudos héroes de acción. Con su pinta de fisico culturista, voz grave y cara de pocos amigos, no había mucho más que pudiese hacer. Siguiendo los pasos de Schwarzenegger y otros “rudos”, quiso mostrar su lado cómico y familiar con Niñera a Prueba de Balas y de ahí no se supo más. Ahora Vin quiere demostrar que aún puede patear traseros, pero Misión Babilonia no va a ser el vehículo que lo regrese al género.

Diesel es Thoorop, un mercenario en un caótico mundo futurista, contratado para transportar a una misteriosa chica de Europa a Estados Unidos. Aparentemente la chica lleva consigo algo importante que podría cambiar el curso de la humanidad. Suena familiar: es la misma premisa que Niños del Hombre, sólo que menos reflexiva y más entregada a las peleas, persecuciones y explosiones.

Porque el mundo está sumido en caos, con las calles destrozadas y refugiados por todas partes, es sólo una de las cosas que la película prefiere no explicar. Una guerra nuclear, el calentamiento global, un virus, en fin… nunca queda claro. La ambientación es bastante buena, pero al no saber que pasa, estamos tan confundidos como el mismo Thoorop, que vive bajo el credo de “no hacer preguntas”. El film también, por cierto.

El motivo del viaje también es un misterio: esta chica es buscada al mismo tiempo por un cientifico y una secta religiosa; porque la necesitan no está bien explicado. Ni tampoco porque ella parece tener poderes. Y así sucesivamente. El film parece correr junto con sus personajes, de lugar en lugar y sin pensar en los detalles. Basta con ver la última media hora, que se atropella a toda velocidad tratando de resolver la historia lo más rápido posible.

Recientemente, Mathieu Kassovitz criticó la película por ser un bodrio, un proyecto en el que no le dejaron tomar decisiones ni hacer ninguna toma como él quería. Y al ver el resultado final, y sabiendo que existe una versión más larga para los mercados europeos, queda claro que los estudios han metido mano a la película para poder venderla mejor. Eso explica porque todo es tan ambiguo, o porque de la nada Thoorop, de ser un matón malas pulgas, se convierte en un justiciero de corazón noble.

Es una lástima: Kassovitz tiene buen ojo para dirigir y aunque ya hemos visto miles de mundos futuristas caóticos, este no deja de ser fascinante y bastante bien ambientado. Se ve que la película tiene buenas ideas, pero están pésimamente comunicadas. Sólo queda esperar la versión original, para al menos poder entender algo, porque si no, no queda mucho por recordar.

domingo, agosto 24, 2008

Viaje al Centro de la Tierra

El 3D fue una de las tantas modas pasajeras que pasaron por Hollywood, principalmente en los ochenta y principios de los noventa. Películas como Tiburón 3, Viernes 13 Parte 3, Amityville 3D (todas aprovechando el mismo número) y más adelante, la sexta entrega de Pesadilla, encontraron maneras de lanzar todo tipo de objetos hacia el espectador, desde mandíbulas de cetáceo hasta un cráneo reventado cortesía de Jason Voorhees, y así hacer que el público salte de emoción en el asiento.

Sin embargo, las películas resultaron unos bodrios, meras excusas para lanzar cosas en la pantalla; sin los simpáticos lentes rojiblancos de cartón, son dolores de cabeza asegurados, una certera irritación de la vista y ridículas en extremo. (Tiburón 3 de lejos tiene los peores efectos especiales que he visto) Así, el 3D desapareció tan rápido como llegó.

Aún así, la tecnología ha avanzado lo suficiente que ahora es posible filmar toda una película con el efecto tridimensional. Y así nace Viaje al Centro de la Tierra, una adaptación libre (muy libre) de la novela de Julio Verne, dirigida hacia un público infantil.

El viaje al centro de la tierra es una excusa para varias escenas de acción: una corrida con un tiranosaurio, una caída libre por un túnel, peleas con plantas carnívoras, una travesía por un mar repleto de pirañas gigantes y una alocada carrera por una mina que me hizo recordar horrores a la atracción de Volver al Futuro que había en los estudios Universal hace años. Y por supuesto, le llueven objetos al espectador: piedras, gotas de agua, llamaradas, en fin... hasta tenemos el honor de que Brendan Fraser nos escupa en la cara. Es interesante ver una película en este formato, pero en este caso, la novedad no puede soportar toda la duración.

Y es que más allá de su novedoso uso de la tecnología, el film no tiene mucho que ofrecer. No menciono la trama porque en este caso es lo de menos: un científico en busca de su desaparecido hermano, acompañado por el sobrino con el que se hace amigo y la linda rubia que obviamente es un interés romántico. Y nada más. Lo importante aquí son las escenas de acción, realzadas por el 3D y que, no se puede negar, tienen una gran imaginación, aunque estoy seguro que la novela de Verne da para algo tres veces más espectacular.

Es casi obligatorio ver esta película con los lentes. Si no, sus deficiencias se hacen mucho más aparentes, por más que los efectos (prácticamente todo es digital) sean bastante sólidos. Es perfecta para un público infantil, al fin y al cabo fue hecha para ellos: es un espectáculo de parque de diversiones e igual de olvidable. Para el resto, es una buena demostración de lo que puede lograr el 3D (confieso que salté del asiento unas cuantas veces), pero el formato todavía tiene que adaptarse bien al cine para funcionar del todo. Pero tiene potencial: imaginen una película de acción, con balaceras, explosiones y golpes, en este formato; ahora sólo falta que bajen el precio de las entradas porque por más novedoso y brevemente entretenido que puede ser, 25 soles es de todas maneras un abuso.

jueves, julio 10, 2008

Godard! 16


Otros tres meses, otro nuevo número de Godard! Pareciera que fue ayer (y unos cuantos posts) que escribí del número anterior, lo cual confirma que casi nunca actualizo este blog. Pero en fin...

En este número, un adelanto de uno de los blockbusters más esperados de la temporada, The Dark Knight de Christopher Nolan, la secuela de esta nueva y prometedora encarnación del Hombre Murcielago en el cine. Además, un repaso de la carrera de David Lean; desde Chile, el concierto del gran Ennio Morricone, una crónica sobre el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, y por supuesto, la esperada disección de lo más reciente en cartelera.

De venta en prácticamente todos los sitios donde venden revistas (sí: me da flojera escribir todos esos nombres) y al módico precio de 10 soles. ¡Batman se lo merece!

domingo, julio 06, 2008

WALL-E


Para todos aquellos que se quejan que las películas animadas están hechas sólo para los más pequeños, que son tontas, repletas de canciones de artistas de moda y lindos animales parlantes, Wall-E es una salvación: una historia de ciencia ficción con un gran corazón y que, a pesar de algunos buenos momentos “lindos” o de humor, no es en verdad para niños. Pixar siempre se han preocupado por contar buenos relatos que puedan apelar a todo público – y esta madurez nunca ha sido tan aparente como en la historia de este solitario robot limpiando la basura de una tierra contaminada y abandonada.

La visión futurista presentada por Andrew Stanton no es muy distinta a lo visto en otras películas de corte post-apocalíptico: la tierra está desierta, las ruinas de la civilización humana enterradas bajo polvo y basura. La animación digital reproduce esto con tanta fidelidad y a escala tan grande que a ratos no parece animación; esto le da a las imágenes de desolación mucho más impacto.

La película es principalmente una historia de amor… entre dos robots: el tímido, inocente y arcaico Wall-E y la tecnológicamente avanzada (y bastante impaciente) EVE. La primera parte del film no tiene diálogos y sigue a dos pedazos de hojalata y aún así crea una simpática y humana relación, con nuestro robot haciendo mil torpezas para impresionar a su compañera. Wall-E y EVE cobran una humanidad que muy rara vez se ve en personajes robóticos.

La segunda mitad del filme, a bordo de una imponente nave-crucero espacial, es otra área donde la historia muestra madurez; se convierte en una velada crítica al consumismo, con humanos obesos postrados en sillas flotantes, sin siquiera saber donde están, mientras los robots hacen todo el trabajo. Un sedentarismo extremo, una crítica a nuestra cultura que cada vez se vuelve más dependiente de las computadoras y los productos en masa. Este posible futuro de la humanidad es algo chocante de ver, tratándose de un film animado: las personas son tan autómatas que los robots – Wall-E, EVE y las otras simpáticas máquinas en la nave tienen mucho más personalidad.

La segunda parte cambia de registro hacia una historia de aventuras mucho más convencional. Uno desearía ver más del cortejo entre los dos protagonistas, pero resulta obvio el porque del cambio, para que los más chicos no se impacienten con la relación muda entre dos máquinas en un mundo abandonado. Una concesión necesaria y al menos, la calidad de la película no decae. Es más, la segunda parte hace referencia a varios hitos de la ciencia ficción: el concepto de robots adquiriendo libertad de pensamiento data de las obras de Isaac Asimov o Stanislaw Lem; la llegada de Wall-E a la nave es un tributo, en imágenes y música, a 2001: Odisea en el Espacio. Y Auto, la computadora-navegador del crucero, es descendiente de HAL. No son referencias que uno se espera en una película infantil.

Con Wall-E, Pixar de nuevo ha puesto la vara alta en materias de animación, dejando en claro que una película no tiene que sacrificar inteligencia ni emoción para apelar a todo público. Es una obra madura, emotiva y con bastante magia (el viaje del robot a través del sistema solar es un momento poético), digna de los mejores filmes de ciencia ficción.

martes, mayo 13, 2008

Confesiones en una Sala de Cine


Ir al cine puede ser todo un evento, si es que uno está propiamente mentalizado. El comprar canchita, un gran vaso de gaseosa, estar sentado en una sala oscura viendo los avances de las películas que se vienen, ya sea solo, o con amigos, o con tu pareja (o prospecto de pareja), se ha convertido en todo un evento social. Y aunque la piratería sea la reina indiscutible en el panorama cinefilo limeño, ir al cine nunca está pasado de moda y si lo dejas, es toda una experiencia.

Claro, no está exenta de sucesos raros. El público que va al cine se ha constituido como una fauna con comportamientos propios, dignos de un documental del Animal Planet. De seguro alguien que lleva años yendo al cine ha podido quedarse con todo un historial de anécdotas, algunas que dan risa, otras que lo hacen cuestionarse porque va al cine en primer lugar. Haciendo memoria, puedo acordarme de varias.

Scream
Ver una película de terror con toda una fila de quinceañeras detrás es soplarse hora y media de gritos, canchita que te cae en la cabeza y patadas en el asiento sólo porque en la pantalla se abrió una ventana, pasó un gato o simplemente la música subió de volumen.

Sexto Sentido
Día de estreno de una de las películas más esperadas de aquel lejano año 99, sala llena. Minutos antes de develarse el gran giro de la película, el que algunos se estaban esperando y otros no, mi amigo no se contiene y grita: “¡Espera, el huevón está muerto!”. Lo que nos gritaron en ese momento prefiero no reproducirlo.

Aulas Peligrosas

Me di cuenta bastante tarde que las dos chicas (no muy agraciadas, por cierto) con las que fui a ver esta película sólo lo hicieron para venerar al entonces mocoso Elijah Wood. Entonces, cada vez que Mister Frodo aparecía en pantalla, gritaban y se ponían a meter bulla digna de una pajarería. Uno diría que estaban al borde del orgasmo. Un poco avergonzado, miré para un costado y me encuentro con tres primos sentados en la misma fila que estaban buscando con mala cara a la persona que estaba metiendo ruido. Trágame tierra.

Dragon Ball Z: La Película de noséquediablos
Esta si que es para tener vergüenza: tan fanáticos éramos yo y mi primo de esta bendita serie que corrimos a ver la película. El público a las tres de la tarde estaba conformado por un millar de mocosos ruidosos que preferían tirar basura por todas partes y correr por la sala lanzándose kamehamehas de mentira. Para remate, la película duró apenas una hora: un robo, considerando los altos precios que suele cobrar el Cinemark Jockey Plaza. Juré desde ese día no volver a ver películas animadas en el cine. Tan picados quedamos que volvimos esa misma noche a la función de las doce para ver cualquier cosa, que resultó ser Una Pareja Explosiva.

Titanic
Todos sabemos lo que fue Titanic: chicas que la vieron más de diez veces sólo para babear por Leonardo DiCaprio, todo el mundo llorando a mares y la maldita canción de Celine Dion sonando por todos lados. Esto le pasó al amigo de un amigo: tan mala le pareció la película, que en su mismo día de estreno salió enojado de la sala, se paró detrás de la cola para la siguiente función y gritó a todo pulmón: “¿Les cuento el final? ¡El huevón se muere!” Una de esas cosas que uno desearía haber hecho, o al menos haber estado ahí.

Voraz
Estaba en mi casa sin ganas de salir, cuando me llama un amigo para ir al cine. Me negué, pero tanto insistió que al final salí volando a Larcomar, que no me quedaba cerca. Llego y mi amigo está con una chica con la que estaba saliendo, dizque su enamorada, dejándome a mí de inesperado violín (Dicho sea de paso, una de las cosas más humillantes que se le puede hacer a alguien). Me vieron enojado, así que me dejaron escoger la película y ahí estaba Voraz, aquella comedia negra sobre caníbales en la Guerra Civil Americana. Con el diablo en el cuerpo, la escogí, les dije que era un drama de época y me entretuve como nunca; no así los tórtolos, que quedaron tan asqueados que se olvidaron hasta de agarrarse de la mano. La venganza es dulce.

Terminator 3
Hice una buena amiga por Internet y al momento de conocernos en persona, decidimos ir al cine. Por razones de tiempo, entramos a ver Terminator 3. Yo feliz, siendo gran fánatico; la película me encantó. Ni bien acaba, mi amiga me dice: “¿Tu viste las otras dos? Yo no.” Aprendí más adelante que hay películas más idóneas para llevar a una persona del sexo opuesto.

El Cubo
Me moría de ganas de ver El Cubo, una película caleta de ciencia ficción canadiense que apenas estaba en un par de salas. No sé porque, fuimos con un amigo al Jockey, donde obvio, no la estaban dando; entonces era cosa de ir al Pacifico, pero a mi amigo le dio un complejo de Marco Polo explorador y dado que no estábamos apurados, decidimos aceptar el reto de caminar hasta Miraflores. Casi tres horas después, llegamos exhaustos al cine y la película llevaba media hora de empezada. Usamos lo último de nuestras fuerzas para llegar a Larcomar, donde tampoco la estaban dando. Me debatí entre agarrar a cachetadas a mi amigo, o a mi mismo por atracar a la caminata, o simplemente desmayarme del cansancio. Fuimos a verla al día siguiente, esta vez en taxi, y valió la pena: se convirtió en una de mis películas favoritas.

La Lista de Schindler
Tenía creo nueve o diez años. ¿A que profesor se le ocurre llevar a un grupo de mocosos hiperactivos de nueve años a ver una película de casi tres horas en blanco y negro sobre el Holocausto? No me acuerdo de nada de esta película; tengo pendiente verla de nuevo algún día.

Liberen a Willy
En Honduras, en el campamento minero donde vivía, la ciudad más cercana estaba a dos horas; era costumbre entonces tomarse un fin de semana, ir a la ciudad, relajarse, hacer las compras y claro, ir al cine. Así fue como ví la película de la ballena, que no me pareció mala pero tampoco genial. Días después, acompañamos a una amiga de mi mamá a la ciudad de nuevo, y su hija quiso ir a ver Liberen a Willy. No me pude librar. Llegando de la ciudad, prendemos la tele y la estaban estrenando en cable. La hija quiso verla otra vez. Vi esta película tres veces en una semana, cada vez más mala que la anterior. Terminé odiándola, hasta el día de hoy.

Il Postino
Hay películas que uno siente las vio en el momento equivocado; aún no era lo suficientemente maduro como para entenderlas, tal vez; o era muy intranquilo como para ver películas digamos, más profundas. Eso me pasó con esta: me quedé dormido cuando Neruda le enseñaba a Massimo Troisi a escribir cartas de amor y cuando desperté, el cartero estaba muerto y la esposa vivía sola con el hijo.

Matrix Revoluciones
Con dos amigos hicimos algo bien de pueblo: vimos la película con nuestras bolsas tamaño Jumbo de Lay’s y Doritos, una botella de tres litros de Sprite y vasos de plástico que metimos en una mochila. Y por ahí creo que andaba con bolsitas de maní. Picnic improvisado, con la sala llena.

Leones por Corderos
No es buena idea ver una película que es puro diálogo sobre política teniendo una fiebre alta, con nauseas y mareos: una hora y media llega a parecer el triple

Sweeney Todd
Nada malo con la película; pero no sé que problema hubo que se demoró en empezar y el cine puso una vez tras otra un comercial bastante críptico de T-Copia, con fotos de gente como Einstein o Proust, un comercial barato y monótono que parecía hecho en PowerPoint. Después de veintitantos minutos de ver sin parar esas imágenes, con una somnífera música clásica de fondo. Resolví nunca en la vida ir a T-Copia, con quienes ya había tenido una mala experiencia cuando quise imprimir mi reportaje de título en tamaño tabloide y me mecieron por una semana solo para decirme que no podían. Para remate, estaba el infaltable 20 Pirata: me encantaría saber a quien se le ocurrió ese comercial para meterle soberana patada en el culo.

El Nominado
No pasó nada especial, pero no pierdo oportunidad de mencionar que está película chilena es una porquería de aquellas; aún no me creo el haber pagado entrada.

Creo que este tipo de anécdotas nunca se van a acabar. Pero eso es justamente parte del chongo de ser cinéfilo. Si es que quieren compartir anécdotas, bienvenidos sean.

lunes, mayo 05, 2008

El Hombre de Hierro


Las adaptaciones del comic se han multiplicado tanto en los últimos años, que ya se han vuelto un género cinematográfico aparte, con sus propias reglas y concesiones. Así, Marvel y la DC están en constante lucha por traer a la pantalla a sus figuras más reconocidas; ahora es el turno de Iron Man, que está entre las mejores películas basadas en un cómic (un grupo bastante reducido, por cierto) y que deja en el olvido a la mediocre Spider-Man 3.

Iron Man es en verdad Tony Stark, un millonario fabricante de armas, dedicado a la vida fácil llena de lujos, mujeres, fiestas y alcohol; es capturado por insurgentes afganos, que lo obligan a construirles un arma. En vez de eso, Stark construye una armadura que le permite escapar y una vez de vuelta en casa, dedica sus esfuerzos a combatir la injusticia.

La película gana mucho con el perfecto casting de Robert Downey Jr como Stark; el actor es convincente en mostrar la transformación del magnate, de un playboy despreocupado a justiciero, trayendo al papel una buena dosis de humor y desenfado. Los más crueles dirán que un tipo tan asiduo a los excesos como Tony es un encaje perfecto para Downey, quien ha tenido sus roces con las drogas en el pasado; pero no se puede negar la calidad del actor, que le da una verdadera personalidad a Tony Stark. Gwyneth Paltrow, Terrence Howard y Jeff Bridges completan un talentoso reparto, pero es Downey quien se lleva la película; una oportunidad para uno de los mejores intérpretes de los últimos años de reinventarse y volver a las grandes ligas.

En la película priman los personajes por sobre otra cosa: se trata en verdad del propio Tony y su búsqueda de redención por los males que indirectamente ha causado, a través de su armadura. Pero una vez que se la pone y el héroe de la Marvel cobra vida, las escenas de acción son impresionantes; muy rara vez una película me asombra y divierte tanto y en este caso se justifica. Jon Favreau, actor, guionista y director más conocido por sus papeles cómicos, maneja la cámara como un experto y hace un buen debut dentro de una superproducción, con excelentes efectos especiales que menos mal, no opacan el relato ni se convierten en el actor principal.

El mundo de Iron Man es el de las grandes corporaciones, los negocios turbios, la rivalidad entre empresarios; el situar la película en este contexto, incluso con la presencia de rebeldes afganos que hoy en día es más que vigente, le da mucho realismo a la película (a pesar de tratarse de un hombre en un traje de hojalata), sin caer en la fantasía exagerada de otras adaptaciones de cómic; acá no hay escenas ridículas sin querer, como Tony Stark vestido de emo y bailando por la calle cual Tony Manero. Las ganas de contar una buena y pausible historia pudieron más e Iron Man es más que una historieta en movimiento; es una historia bien contada, entretenida, con excelente reparto, completamente cinematográfica.

Esta es la primera película que la Marvel produce por su cuenta, parte de un ambicioso plan de traer a todos sus personajes a la gran pantalla coexistiendo en un solo universo. Iron Man es un buen comienzo y a juzgar por ciertos detalles en el film que sólo entenderán los amantes del cómic – el papel que más adelante jugará Jim Rhodes, la existencia de SHIELD y la llamada “Iniciativa Avenger” – hay suficiente material para una buena serie. Esto es solo el comienzo y si la calidad se mantiene, aún quedan muchas aventuras para Tony Stark a futuro.

domingo, abril 27, 2008

Compra Godard! 15


Es cierto, estoy un poquito atrasado con la promoción, pero nunca está de más un poco de propaganda gratuita.

Ya se encuentra a la venta el número 15 de Godard, celebrando los 80 años del Oscar con un ranking de las mejores ganadoras de la codiciada estatuilla. Incluye además artículos sobre dos de los grandes protagonistas de la más reciente edición, Paul Thomas Anderson y los Hermanos Coen, premiados por Sin Lugar Para los Débiles.

Además: una mirada al western moderno a propósito de El Asesinato de Jesse James, el centenario de Bette Davis y un repaso de la filmografía de Paul Verhoeven, y por supuesto, las acostumbradas críticas a la cartelera local.

De seguro ya la habrán visto en su supermercado o quiosco favorito, y ¡¡son sólo 10 soles!! ¿La compras o no? Call it, friend-o.

Para los interesados, la revista ofrece un servicio de suscripción: cuatro números fresquitos enviados a tu puerta cada tres meses, y todo por la módica suma de 40 soles. Esto incluye un número anterior de cortesía (a partir del Nº 6) e invitaciones a Avant Premieres exclusivas para suscriptores.

Todo lo que hay que hacer es enviar un mail a suscripciones.godard@gmail.com con tus datos personales (nombre completo, dirección, teléfono, número de DNI) y depositar el importe en el Scotiabank, en la cuenta 015-7234089. Para mayor información llamar al 431-9079 o al 9791-9506. ¡Aprovecha!

domingo, abril 20, 2008

Zombies VS. Gangsters

Debe ser algo en el agua. No hay otra manera de explicar porque los japoneses tienen un cine tan entretenidamente bizarro; se atreven a hacer cosas que realizadores en otros países no tocarían ni con vara. Desde la matanza indiscriminada de quinceañeros en Batalla Real, de Kinji Fukasaku, hasta cualquier cosa hecha por Takashi Miike (Ichi The Killer, Audition, entre otras joyas), es un estilo de cine que promete cualquier cosa y que les garantizo, no se ve todos los días. Versus, de Ryuhei Kitamura, no es tan controversial como estos ejemplos, pero es una buena muestra de que los nipones tienen demasiada imaginación y algunos tornillos sueltos.

La primera vez que escuché de Versus fue descrita así: “película de zombies mezclada con película de yakuzas”. Fue todo lo que necesité oír para empezar mi obsesiva búsqueda. Pero hasta en los círculos más recónditos de la piratería limeña – donde se puede encontrar de todo – nadie había oído hablar de este film. La censura le pone jaques hasta la piratería, películas japonesas son bien complicadas de encontrar. Fue gracias a mi buen amigo y pirata iniciado Charly, que al fin pude hacerme de una copia. Tal vez me hice demasiadas expectativas, porque quedé con gusto a más; pero no niego que Versus es un amalgama de géneros demasiado entretenido.

La historia se inicia cuando dos reos escapados de prisión (nadie en esta película tiene nombre, lo que puede ser un problema cuando te des cuenta que todos los asiáticos se parecen entre sí) llegan a un bosque a encontrarse con una pandilla de mafiosos que los llevarán a un lugar seguro. Estos mafiosos también llevan una prisionera, lo cual no sienta bien con uno de los reos: tras una breve balacera, el saldo es un muerto, el cual en tiempo récord se levanta como un zombie putrefacto y empieza a atacar.

Verán, según la torcida mitología de Kitamura y compañía, el bosque es una de las puertas que conecta a la Tierra con el Otro Lado (o para ser más exactos, la puerta número 444 de 666 - ¡colecciónelas!), por ende, todo aquel que tiene la mala suerte de estirar la pata en este apacible lugar vuelve como un monstruo cojo y podrido con ganas de comer cerebros – esto incluye a toda la gente que esta colorida pandilla de yakuzas mató y enterró discretamente.

Lo que sigue después es una orgía de artes marciales, sangre, vísceras, humor negro, un trabajo de cámara hiperkinético y música electrónica a todo dar. Más que una película, esto parece un videoclip frenético, pero con estilo bastante contagioso. Nuestro “héroe” – lo digo entre comillas porque todos en esta película son unos granputas – es el clásico “anti” silencioso, que nunca sonríe, muestra una indiferencia total a todo lo que le rodea y no suda ni una gota al patearle el trasero a todo el mundo. Además, anda con uno de esos sacones negros que dicen “soy cool” y que deja volando al viento en los momentos más oportunos para darle ese pequeño toque de estilo. Pareciera que este tipo está tratando de hacerle la competencia a Keanu Reeves en Matrix.
Como dije antes, nadie acá tiene nombre, más bien todos son unos estereotipos pero exagerados a mil: la fémina de rigor, un miedoso que se la pasa corriendo y gritando, al mejor estilo de Hudson en Aliens pero con menos dignidad, otro tipo con los ojos saltones y la lengua afuera, que con su horrenda sobreactuación parece estar tratando de emular a Christopher Walken en su etapa más psicópata, un villano enfermo de tranquilo que parece tener más ganas de estar fumando un puro con un vaso de whisky que andar corriendo por un bosque rompiendo cráneos, hasta un policía “¡entrenado por el FBI, cazador innato y con reflejos 500 veces más rápidos que los de Mike Tyson!” Con todo esto, creo que ya saben de sobra que no se la deben tomar para nada en serio.

Si se hubiese quedado como la kinética película de kung-fu con toques de cine gore que se supone es, yo quedaba feliz – nunca está de más apagar el cerebro y disfrutar de entretenimiento poco convencional. Pero los japoneses nunca se quedan contentos con el espectáculo, siempre es necesario darle detalles a la trama que enredan todo el asunto y tratan de darle más peso. Así que, una vez que nuestro anti-héroe se cruza con el villano de turno, de repente la cosa se va a otro nivel, los zombies pasan a segundo plano y esto ya empieza a parecer Highlander en versión nipona.

Como resultado, la película – que pudo haber quedado perfecta como un corto de 45 minutos, incluso – dura dos horas y por más entretenida que pueda ser, el ver a un montón de yakuzas agarrándose a patadas en el mismo bosque por 120 minutos ya llega a cansar. Por lo menos, cada vez que Kitamura detiene las cosas para explicar algún detalle de la trama por medio de la rehén que sabe más de lo que aparenta, las cosas se ponen muy lentas – hace falta acostumbrarse.

Si te gustan las buenas peleas, cargadas con harto gore y estilo para derrochar, prueba con Versus, que demuestra que pasaría si John Woo y Sam Raimi decidieran hacer una película sobre Connor McLeod. No te hagas muchas expectativas y estarás bien. Ese fue mi error, aunque admito que para ver violencia estilizada con una buena dosis de lo ridículo (¿Qué otra cosa puedo esperar al ver a tres matones posar como los Ángeles de Charlie mientras balean a un montón de muertos vivientes?), el film de Kitamura me dejó más que satisfecho.

domingo, abril 13, 2008

Juventud Perdida


La inesperada muerte de Heath Ledger en enero se llevó tempranamente a quien, poco a poco, se estaba perfilando como uno de los mejores intérpretes de su generación. A pesar de parecer al principio otro nuevo galán cara bonita, empezó a demostrar lo contrario, primero con su pequeño pero importante papel en Monster’s Ball y luego como el confundido vaquero Ennis del Mar en Brokeback Mountain. Ha sido una pérdida de un talento emergente; mientras se prepara su esperada interpretación del Guasón en la próxima entrega de Batman, no queda más que pasar revista a su corto pero sólido currículum. Tal es el caso de Candy, un film independiente de Australia de bajo perfil. Es una de sus mejores actuaciones.

Esta es la historia de Dan y Candy, una joven pareja; él es un aspirante a poeta y ella es una talentosa pintora. Ambos son bohemios, enamorados y al parecer viviendo un romance de fantasía. El problema es que son heroinómanos y la adicción, poco a poco, los destruye.

En su retrato de una juventud destruida a causa de las drogas, el film no es muy distinto de la brutal Réquiem por un Sueño, de Darren Aronofsky. No llega a los límites impactantes de ésta, y el director Neil Armfield tampoco echa mano de los trucos de cámara y edición que Aronofsky usó para crear su chocante segunda película, pero el mensaje es el mismo y se llega a sentir.

Dan y Candy son una de esas parejas que uno quiere ver felices; es triste verlos sucumbir a su adicción, al punto en que la droga se convierte en su principal motivación, llevándolos a extremos cuestionables: él se dedica al robo y la estafa mientras ella se prostituye. Pronto, sus sueños quedan de lado y ambos se encuentran perdidos, sin brújula y dentro de un hoyo del que es muy difícil salir.

Sin embargo, Armfield cree en la redención; su visión no es tan pesimista como la de Aronofsky y a pesar del deterioro de su pareja protagónica, incluye un final que trae consigo una esperanza de recuperación y felicidad.

Películas sobre los efectos de las drogas y la adicción hay bastantes, y esta no busca cambiar el esquema. Su fuerte está en presentar a dos protagonistas humanos, con fallas, a quienes dan ganas de apoyar. Esto es gracias al buen trabajo de ambos intérpretes. Ledger hace de Dan un bohemio sin rumbo, de buenas intenciones pero incapaz de asumir responsabilidades consigo mismo y con su pareja. Abbie Cornish, por su parte, muestra valor y solidez en el papel de Candy, que sufre tal vez más que él. Una fuerte y cruda secuencia en la que ambos tratan de dejar la droga sin ayuda por tiempo prolongado – con chocantes consecuencias – deja claro el compromiso que ambos tomaron con sus papeles.

Candy es una historia fuerte y a ratos incómoda, pero no por eso menos fascinante, mostrando los nefastos efectos que pueden tener las drogas sobre la juventud en general. Heath Ledger, por su parte, ha dejado como legado un papel bien trabajado, una muestra de la capacidad de un actor que aún tenía mucho que dar.

miércoles, abril 09, 2008

John Rambo

Hace un par de años, el retorno del “Semental Italiano” Rocky Balboa a las pantallas no sólo revivió la alicaída carrera de Sylvester Stallone (empujado de lleno al mercado del directo al video), sino que le permitió darle un final digno y humano a un personaje maltratado por una serie de ridículas secuelas, cada una más tonta que la anterior. (Teniendo su cúlmine en un forzado discurso anti-comunista ante un clon de Gorbachov) Ahora Stallone continúa su buena racha desempolvando a otro de sus papeles icónicos, el ex veterano de Vietnam John Rambo, para una última aventura.

Casi 20 años después de su “ayudita” al futuro régimen talibán, Rambo vive aislado en la frontera entre Tailandia y Birmania, donde un ejército fuertemente armado reprime a la población en un genocidio interminable. Un grupo de idealistas (léase: idiotas) misioneros es capturado tras ser llevados por Rambo a la zona de conflicto y, acompañado por un grupo de mercenarios (carne de cañón), el ex soldado va en su rescate.

Es una trama simple, pero Rambo nunca ha sido un personaje demasiado complejo. Salvo el primer filme, donde John se encontraba chocado por su pasado en Vietnam e incapaz de funcionar en sociedad, las secuelas le han dado la única función de matar a quien se le ponga por delante y en este caso no decepciona. Puedo decir sin exagerar que esta es la película más violenta que he visto: Rambo masacra sin piedad a un ejército birmanés entero y Stallone el director no duda en mostrar la carnicería en toda su grotesca majestad. Es un estilo bastante crudo, que además muestra a los villanos cometer todo tipo de atrocidades contra gente inocente. Todo da como resultado una inyección de adrenalina imparable; si es que Sly quería demostrar los horrores de la guerra y su inutilidad, el mensaje queda bastante claro.

Hacía tiempo que no se veía una película de acción así: una trama simple y violencia sin parar, al mejor estilo ochentero, una década que Stallone conoció de cerca. Por más que se empeñen en criticarlo por mediocre, no se puede negar que sabe utilizar una cámara en beneficio de la acción.

Lo mejor es no buscarle sustancia y disfrutarla como una entretenida y descarnada película de acción sin parar; John Rambo al fin se da cuenta que es una máquina de matar, es para lo que es bueno y eso nunca va a cambiar: un final más que digno para otra figura icónica del cine de los ochenta y una segunda oportunidad para Stallone de volver a las grandes ligas.

martes, febrero 12, 2008

Monstruo

Cloverfield ha sido descrita como un cruce entre El Proyecto de la Bruja Blair y Godzilla. Es un buen resumen; podría decir eso y dejarlo ahí. Pero este proyecto, producto de J.J. Abrams, creador de series como Lost o Alias, definitivamente provoca una reacción. Algunos van a odiarla, otros van a aplaudir su originalidad.

Es una novedosa manera de acercarse al género de los monstruos: desde el punto de vista del hombre común, el que no sabe que diablos está pasando y presa del pánico, sólo corre para salvar su vida. El caos resultante de un monstruo atacando Nueva York adquiere inmediación e impacto a través de su presentación: filmado con una cámara en mano, en forma de testimonio mientras seguimos a un grupo de sobrevivientes. Aquí no hay héroes, ni tampoco llegan los militares a destruir al monstruo y salvar al mundo (es más, ni ellos saben que está sucediendo). Se agradece a Abrams y compañía el obviar clichés como estos; nadie se cree la de los estadounidenses heroicos desde Día de la Independencia.

Sabiendo que menos es más, el director Reeves decide nunca mostrar al monstruo entero, sólo en pedazos y por breves momentos; (¿Qué es exactamente? Un cruce entre saltamontes, cucaracha, dragón y no sé que más; en verdad, no tengo idea) esto deja que la imaginación de las personas haga el resto y eso justamente es lo que genera suspenso. La mente puede causar más impacto que cualquier imagen en pantalla.

Cloverfield es entonces un interesante experimento fílmico. Sin este formato, sería otro clon de Godzilla, otra típica película de monstruos imposible de tomar en serio. Los personajes en este tipo de filmes tienen fama de hacer una estupidez tras otra, y lo mismo pasa aquí: por más que se esfuercen en mostrarlo de forma cruda y verídica, la ilusión se rompe un poco con la soberana falta de lógica de estas personas. Si esto fuese un tipico blockbuster, las burlas no se acabarían nunca.

Es una vuelta de tuerca a un género que debido a su simpleza tiene que sufrir para encontrar algún aspecto nuevo. Es una hora y media de tensión, con algunas secuencias bastante logradas, sin mucha profundidad; esto a pesar de que la crítica estadounidense se ha empeñado en buscarle una metáfora con los atentados del 11 de septiembre, como ha sucedido con casi la mitad de filmes estrenados en los últimos siete años. Si bien puede recordar a esa fatídica fecha en sus imágenes de destrucción, es un poco jalado de los pelos tratándose de un monstruo gigante.

Hay que verla, aunque sea sólo para ver una manera atípica de hacer cine; ojo que no es para todos los gustos, a juzgar por la veintena de personas en la función a la que fui que se quedaron sentados al final con cara de que-mierda-acabo-de-ver.

jueves, enero 24, 2008

Gabo en el Cine

Existe una frase respecto a adaptaciones fílmicas de obras literarias en la que creo firmemente: lo que está escrito no siempre se traduce bien en imágenes. El mismo pensamiento se aplica con la reciente adaptación de la gran obra de García Márquez, El Amor en los Tiempos del Cólera. De hecho, es bastante difícil trasladar una historia tan extensa (tanto en contenido como en número de páginas) al cine y en este caso, Mike Newell no está a la altura de las circunstancias.


La historia de Florentino Ariza (Javier Bardem) y Fermina Daza (Giovanna Mezzogiorno) es la de un amor eterno, afectado por diversas circunstancias pero que se mantiene latente a lo largo de varios años; un relato casi épico que Gabo se tomó su tiempo en contar, en su particular estilo. La película comete el error de acelerar todos los acontecimientos y eliminar algunos otros. Como resultado, la historia es apurada y superficial. El amor como un sentimiento eterno, profundo e inafectado por el paso del tiempo era parte del alma de la novela y aquí, es apenas un motivo para pasar de una escena a otra.

El reparto también es parte del problema. Para una adaptación de una novela latinoamericana e íntimamente ligada al continente, hubiese sido mejor una producción en español, para así no tener que ver a todo el mundo hablar en un inglés masticado que distrae, y que impone a todos cierta teatralidad producto de diálogos exagerados. Curiosamente, los que mejor salen parados del asunto son los actores latinoamericanos – Benjamín Bratt y Catalina Sandino son bastante naturales en sus papeles, tal vez por cierta afinidad con el material.

No pude evitar reírme en varias escenas; para un film que quiere ser un drama romántico afectivo, no es un buen resultado. El tono de Newell es desigual: Angie Cépeda tiene una cómica y francamente vergonzosa aparición, Fernanda Montenegro corre por la calle pintarrajeada como el Guasón, los atributos físicos de Laura Harring son la única justificación para su ridícula escena, Fermina parece no envejecer nunca a diferencia del resto y en el papel de su padre, John Leguizamo no puede evitar verse más joven que todos sus co-protagonistas.

Como para demostrar lo dicho acerca de las adaptaciones, está el caso de Juvenal Urbino. El libro abre con su muerte y luego procede a contar en detalle su relación con Fermina, dejando ver el tipo de persona que es y dándole protagonismo. La película se salta todo este aspecto y como resultado, Urbino acaba siendo sin querer un mero obstáculo, una complicación, la tercera rueda; toda la simpatía está con Florentino, un pingaloca insaciable aún en avanzada edad y con aires de pedófilo. Esto puede justificarse en el libro, puede tener profundidad, pero en pantalla se ve cómico.

El Amor en los Tiempos del Cólera quiere ser un fuerte drama, una historia de amor que nos toca el corazón, pero falla en el intento. La novela desarrolló años de historia en profundidad y la película no se da el tiempo de hacer lo mismo. El impacto que quería lograr, en especial durante las escenas finales con unos envejecidos Florentino y Fermina, nunca llega.

Sé que se deben separar libro y película y verlos en sus propios términos, al tratarse de distintos medios; pero es difícil en este caso, tratándose de una novela significativa para América Latina. Estoy seguro que a muchos les pasará lo mismo. Al parecer, el realismo mágico no se traduce muy bien en pantalla; resulta difícil hacer justicia a las novelas de Gabo, relatos extensos que cubren décadas. Lo mejor de la película son las canciones de Shakira y cuando yo me encuentro diciendo eso, sé que hay un problema.


jueves, enero 10, 2008

Perro Alfa

Durante mi estadía en Sundance en enero del 2006, una serie de problemas ajenos al festival – poco dinero, un alojamiento a kilómetros de las sedes, poca organización de mi parte – me impidieron ver muchas películas recomendables. Desde entonces he estado atento cada vez que algunas de estas aparecen en el cine, el cable, o en copia pirata de Polvos Azules, para poder desquitarme con el frío invernal de Park City. Tal es el caso de Alpha Dog de Nick Cassavetes, que llega por lo bajo a la cartelera limeña, tras más de un año de retraso y con el flojísimo pero comprensible titulo de Juegos Prohibidos.

Basado en la vida real de Jesse James Hollywood, quien a los 20 años se convirtió en la persona más joven dentro de la lista de los diez más buscados del FBI, el film cuenta la historia de Johnny Truelove (Emile Hirsch), líder de una pandilla de fumones vagos que se dan la gran vida vendiendo drogas en California. Un pleito con el psicópata Jake Mazursky (Ben Foster) lleva a Johnny a raptar al hermanastro de su rival, Zack (Anton Yelchin) y mantenerlo de rehén hasta saldar la deuda.

Para Zack, la estadía con Truelove y su banda es un sueño hecho realidad: para un inocente sobreprotegido por sus padres y aburrido en casa, este nuevo mundo de diversión, sexo, drogas y alcohol es un símbolo de libertad y pronto, el chico se vuelve parte de la pandilla. Para cuando la realidad los alcanza a todos, ya es demasiado tarde para dar vuelta atrás.

En su retrato de una juventud corrompida destinada a acabar mal, la película recuerda mucho a Bully de Larry Clark, pero sin las inclinaciones pederastas. Johnny y sus amigos no son más que chicos privilegiados, aburridos de depender de mamá y papá, que quieren jugar a ser matones. Para ellos, el rapto de Zack no es más que un juego, una manera infantil de provocar a Jake y aumentar una tonta rivalidad que no va a ser resuelta con ese nivel de inmadurez. De ahí que no sepan que hacer con el chico y no tengan ningún problema en aceptarlo como un amigo más. Una vez que se den cuenta de las consecuencias de lo que están haciendo, toman una decisión irracional que lleva a un clímax previsible, pero no por eso menos impactante, donde la realidad les cae como un baldazo de agua fría.

Al principio, da la impresión que Cassavetes sólo busca presentar viñetas de todo este grupo tonteando, tomando, consumiendo drogas y actuando como remedos de gangsters; la historia no toma vuelo hasta que Zack es raptado, volviéndose el centro moral del relato y la persona con la que el público se identifica. La relación que forma con Frankie Ballenbacher (Justin Timberlake), denominado su guardián, es lejos, lo más destacable. Para sorpresa mia (y estoy seguro, de muchos), Justin hace un auspicioso salto al cine, representando muy bien el conflicto interno de Frankie frente a la estupidez que están cometiendo, en especial en las escenas finales. Para los que están acostumbrados a verlo como cantante pop amanerado, esto es una sorpresa; el artista se sumerge por completo en el papel.

Alpha Dog es también entonces una muestra para jóvenes talentos. Anton Yelchin es perfectamente inocente como Zack y Ben Foster crea un psicópata intenso y volátil digno de Dennis Hopper en su mejor época. Bruce Willis y Sharon Stone aportan su experiencia, pero sus papeles son meramente secundarios.

Historias de juventudes perdidas hay miles y esta ciertamente no pretende cambiar el género. Pero el hecho que sea una historia real la hace más impactante y deja bien claro lo mal que pueden salir las cosas cuando un grupo de chicos con mucho tiempo libre y dinero hacen lo que quieren y no hay nadie que los guíe.


jueves, diciembre 27, 2007

Lo Mejor del 2007

Otro año más, y con él, otra lista de lo mejor que ofreció la cartelera durante los últimos doce meses. Buenos estrenos, estrenos malos y algunas cosas que hasta ahora no me explico como diablos llegaron a Lima (¿Bratz? ¿Me están hablando en serio?), en general, así es la cosa.

Debo recalcar, por supuesto, que esta lista se limita a los estrenos comerciales que hubo aquí, en una ciudad donde se conoce que muchas películas llegan tarde o nunca. De ahí a que algunas les parezcan un poco añejas. Y de hecho habrán algunas que no alcancé a ver, y sé que al año aún le quedan tres días, pero me voy hoy a la playa y prefiero dejarlos con esto.




10. LITTLE MISS SUNSHINE de Jonathan Dayton y Valerie Faris

Un road movie con una familia enferma de disfuncional, tanto así que le hacen la competencia a Los Simpson: un padre loser, madre neurotica, tio suicida, hijo rebelde, abuelo drogadicto e hijita adorable; un viaje donde se dicen verdades y todos aprenden a convivir. Es graciosa justamente porque no se burla de sus personajes, sino que los trata con cariño y los presenta como seres humanos a pesar de sus excentricidades - y al lado de la gente en el surreal concurso de belleza al final, no tienen nada de raro. En el fondo, son una familia que se quiere y se apoya en los momentos dificiles.

9. CURSE OF THE GOLDEN FLOWER de Zhang Yimou

Una tragedia familiar digna de Shakespeare; traiciones, intrigas y muerte teniendo como fondo la suntuosa época imperial china. Un melodrama fino, que destaca no sólo por tener una serie de personajes interesantes, cada uno más traicionero que el anterior, sino por su cuidada puesta en escena. Zhang Yimou es un experto en darle vida a sus decorados, combinando bien los colores y otros detalles, lo que dota a cada toma de una belleza poética que me está costando explicar. Mejor me callo y digo que la película se ve bastante bien.

8. THE GOOD SHEPHERD de Robert De Niro

La historia de la CIA, desde sus inicios en la II Guerra Mundial, pasando por la Guerra Fría hasta hoy, donde se sospecha tiene influencias en todo el mundo. A través de Edward Wilson, uno de sus agentes - un tipo blando e indescriptible que representa al hombre común - la película muestra a una organización fundada en mentiras y cortinas de humo y como este estilo de vida en el que no se puede confiar en nadie puede afectar la vida personal de uno. De Niro ha reunido a un gran grupo de actores para un sólido film, hecho con elegancia y habilidad.

7. THE BOURNE ULTIMATUM de Paul Greengrass

Jason Bourne descubre sus orígenes - el significado del Proyecto Treadstone y los sacrificios que tuvo que hacer por su país - en esta nueva aventura repleta de acción e intriga. No soy un fanático de filmar una pelicula càmara en mano, moviendola para todos lados como epileptico, pero este particular estilo de Paul Greengrass funciona en darle a la película urgencia y suspenso en cada secuencia, saltando por lugares como Nueva York, Tánger, Paris, Londres y Madrid. El amnesico espía se ha convertido en el James Bond de la nueva generación y ahora que se saben todos los secretos, las aventuras de Bourne recién comienzan.

6. EL LABERINTO DEL FAUNO de Guillermo Del Toro

Una fábula fantástica en la España fascista de la II Guerra. Una niña encuentra la manera perfecta de escapar de la fea realidad en la que se encuentra, visitando un laberinto de fantasía que le ofrece la posibilidad de convertirse en princesa y dejar atrás los problemas. Pero pronto los horrores de su situación, personificados en su frio y cruel padrastro, la alcanzarán, dejando claro que uno no puede desenvolverse del todo de su realidad. La gran imaginación de Guillermo Del Toro se pone al servicio de un mundo fascinante y a la vez macabro, que más que prometer felicidad esconde sus propios terrores.

5. 28 WEEKS LATER de Juan Carlos Fresnadillo

El virus ha sido contenido, pero en plena repoblación de Londres un nuevo brote pone en peligro a toda la humanidad. Es la continuación natural del anterior filme de Danny Boyle: la enfermedad se propaga y pronto queda claro que nadie está a salvo, y la solución no es tan simple como parece. Suspenso y acción con algunas sorpresas en la trama que no me esperaba, y una buena cuota de gore para los fanáticos. En lo que se refiere a secuelas, esto hace lo que debe: darle un contexto más masivo a la historia y proseguir la trama como se debe. Si le creemos a las escenas finales, todos estamos jodidos.

4. FLAGS OF OUR FATHERS / LETTERS FROM IWO JIMA de Clint Eastwood

El diptico de Eastwood acerca de la batalla de Iwo Jima representa dos miradas distintas a un conflicto importante: por un lado, la necesidad de los estadounidenses de generar confianza entre la población respecto a la guerra y la creación de ídolos que puedan propagar estas ideas, la misma ideología detrás de aquella famosa foto de la bandera; una manera de justificar su participación en la batalla y conseguir el respaldo de todos. Por otro lado, los japoneses luchando en la isla no la tuvieron fácil, viviendo y peleando en condiciones crueles e infimas, todo al servicio de un Imperio que se aferraba a las antiguas tradiciones del honor y la gloria; una mirada bastante distinta a un enemigo que muchas películas prefieren demonizar. Imposible entonces divorciar una película de la otra: las dos son un testimonio bastante completo de lo ocurrido en Iwo Jima, de parte de uno de los más grandes directores contemporaneos.

3. THE LAST KING OF SCOTLAND de Kevin Macdonald

Forest Whitaker entrega una memorable actuación en este film como el sangriento dictador ugandés Idi Amin Dada, responsable de varias muertes y atrocidades en uno de los régimenes de terror más condenados en Africa. El trabajo de Whitaker es memorable: Idi Amin es un hombre carismático, que aparenta darlo todo por su pueblo, pero al mismo tiempo es un monstruo intimidante y terrorifico, poseedor de un enorme ego que lo hacía compararse a un dios. Basta con que el actor entre en escena para sentir escalofríos y este demoníaco retrato es razón más que suficiente para ver esta película.

2. APOCALYPTO de Mel Gibson

Con la fama de antisemita y borracho que se ha ganado Mel Gibson, muchos se olvidaron de que el hombre es bastante diestro para hacer películas. Aquí, nos lleva al pasado, a la época de los mayas, reproduciendo fielmente la cultura y el estilo de vida del Mexico antiguo. Es un film violento, que muestra sin tapujos el lado salvaje y brutal de los mayas - al igual que los Incas, eran bastante sanguinarios a la hora de conquistar y dudo mucho que hayan sido muy gentiles al hacerlo. La última hora es una persecución extendida cargada de tensión que nunca se acaba y eso no es fácil de hacer. Película interesante para los fanáticos de la historia y los que buscan una dosis de adrenalina y acción.

1. ZODIAC de David Fincher

Durante los 70s, una racha de asesinatos en San Francisco por parte de un asesino llamado el Zodiaco puso a toda la población en alerta. David Fincher recrea aquella época de miedo y paranoia, desde los ataques iniciales del asesino, sus comunicaciones y juegos con los diversos medios de prensa y la posterior investigación que hasta hoy, no ha podido dar con su verdadera identidad. Aunque el film presenta su propio sospechoso - basada en el libro de Robert Graysmith, un periodista que ha dedicado buena parte de su vida ha develar el misterio - deja que el público saque sus propias conclusiones. Es macabro pensar que esto pasó y hasta ahora no se sabe quien es el culpable. Es un caso fascinante, llevado al cine con mucha fidelidad y estilo.


Mejor Película del Año No Estrenada en Lima:

HOT FUZZ de Edgar Wright

Los chicos de Shaun of the Dead ahora deciden dar tributo a otro repetido género en el cine, el de las películas de acción. Esta es una hilarante parodia de los clichés presentes en aquellos filmes: la pareja dispareja a lo Riggs y Murtaugh que aprenden a trabajar juntos, (junto con ciertas tendencias homoeroticas) el villano megalomaniaco, el tipo duro que aprende a soltarse, en fin; es todo una gran burla, echando mano de los excesos pirótecnicos de Michael Bay o Jerry Bruckheimer y haciendo mil referencias al estilo matonesco y cool de John Woo y otros directores asiáticos. La última media hora es un festín de balas, peleas, explosiones, standoffs mexicanos, pistolas a dos manos y todo lo que uno se pueda imaginar, en el sitio menos imaginado: uno de esos pueblitos tranquilos de la campiña inglesa que parece sacado de una serie de la BBC. Para matarse de la risa.

Ya está; no voy a prometer escribir más el próximo año porque de ahi me gana la flojera y quedo mal. Simplemente esperemos a ver que nos trae el cine el próximo año. ¡Feliz 2008 para todos!

lunes, diciembre 24, 2007

Godard 14 a la venta


Aprovechamos un parentésis para un poco de publicidad gratuita...

Acaba de salir el número 14 de Godard, la revista que me da la oportunidad de publicar mis desvaríos y floros monses para su disfrute... en esta edición, pasamos revista a los mejores estrenos de este 2007 que ya se acaba, además de un adelanto de American Gangster, lo nuevo de Ridley Scott.

También: un homenaje a Ingmar Bergman, informes de los festivales de Sitges y Valladolid, y un ensayo sobre Metropolis, el clásico de la ciencia ficción de Fritz Lang (y sí, lo escribí YO; dentro de poco lo publicaré aquí también, para los roños que no quieran gastar diez soles). Y claro, comentarios de los más recientes estrenos de la cartelera.

Así que, ¡Comprenla! En Navidad, nunca está de más ver una buena película... y dar un regalo bonito y barato.

sábado, diciembre 15, 2007

El Velo Pintado

La gran mayoría de romances cinematográficos funcionan no sólo por la química o talento de sus estrellas, sino porque suelen poner la historia en un contexto histórico importante que no sólo resalta el relato sino que le da a todo el conjunto gran elegancia. Este es el caso de Al Otro Lado del Mundo, un drama que se desenvuelve durante la China de los años 20, a través de un romance que al principio no parece serlo.

Walter Fane (Edward Norton), un frío y metódico bacteriólogo, casado con su trabajo y de poca aptitud social, viaja de Shanghai a un pueblo remoto en las montañas, en pleno dominio inglés de China, para atender una epidemia de cólera que está arrasando con la población. Lo acompaña su esposa Kitty (Naomi Watts), un espíritu libre que se casó con el doctor sólo para poder escapar de su hogar. No hay amor en su matrimonio y menos tras una infidelidad de ella en un momento de aburrimiento.

Resulta difícil creer que una relación como está pueda arreglarse: Kitty vive aislada en un pueblo donde no entiende el idioma y Walter es vengativo, castigando a su esposa por lo sucedido y llegando a sugerir en algún momento que la llevó al pueblo sólo para que contraiga la enfermedad y pueda sufrir.

Es necesario entonces que ambos se enfrenten con la fea realidad, el cólera llevándose a los pobladores en medio de una frágil situación política en la que China se rebelaba en contra de la ocupación británica y la presencia de extranjeros no se vería con buenos ojos. Es en este clima convulsionado donde la pareja aprenderá a conocerse y respetarse, aprendiendo duras lecciones: ella, asumiendo responsabilidades y abriendo los ojos frente a la realidad del mundo; y él, siendo humilde y haciendo contacto con gente menos privilegiada, dejando de lado el orgullo inglés.

Historias como esta funcionan por sus actores y esta no es la excepción. Watts hace creíble su transformación de mujer engreída y superficial a esposa preocupada y Norton, considerado el mejor intérprete de su generación y que ha mantenido un bajo perfil en los últimos años, no ha perdido ninguna de sus habilidades.

Por un lado, es un drama romántico sobre dos personas que aprenden a quererse en circunstancias difíciles; y por otro lado es una mirada a la situación política y social de China en aquella época, un rechazo a la presencia extranjera que inevitablemente chocará con la pareja, asegurando pocas probabilidades de un final feliz.

Con una sólida fotografía repleta de buenas imágenes, resaltando la belleza natural del interior de China – aparentemente es la primera película que se filma ahí en años, una tarea difícil para cualquier cineasta debido a la cantidad de restricciones que existen - es una película visualmente atractiva, un drama de bajo perfil que se ocupa de desarrollar sus personajes y contar bien una historia, que es al final lo que se pide de todo buen drama.

domingo, noviembre 25, 2007

Leones por Corderos

La guerra en Irak y las acciones estadounidenses en Afganistán luego del atentado del 11 de septiembre se están volviendo un tema preferido dentro del cine hollywoodense, particularmente este año, que ya lleva estrenadas tres películas acerca del tema. A este reducido grupo se suma ahora Leones por Corderos, de Robert Redford,

Compuesto de tres historias que se relacionan en el lapso de una hora, el film tiene una estructura claramente teatral. Salvo breves escenas de combate, está todo compuesto por diálogos en espacios cerrados. Redford y su guionista Matthew Michael Carnahan no parecen estar interesados en hacer una película como tal, sino en exponer sus puntos de vista acerca de las acciones militares en el Medio Oriente.

En este sentido, la película no se casa con nadie. En vez de tomar una postura definitiva acerca del tema, ofrece diferentes opiniones. Por un lado está el profesor Stephen Malley (Robert Redford), quien cree en la posibilidad de hacer algo bueno por el país, pero no a través de acciones militares sin sustento que le cuestan la vida a miles de soldados idealistas. De eso trata de convencer a Todd (Andrew Garfield), un alumno suyo, joven y acomodado y que como la mayoría de jóvenes de clase media-alta estadounidenses, no tiene idea de lo que sucede en el resto del mundo, prefieren hacerse de la vista gorda y seguir sus vidas sin contribuir a su país – por ello no resulta coincidencia que dos de los mejores alumnos de Malley (Michael Peña y Derek Luke), atrapados en Afganistán, sean un latino y un afroamericano, dos minorías sin los mismos privilegios.

La estrategia que tiene a ambos atrapados en una montaña y rodeados de talibanes es obra del senador Jasper Irving (Tom Cruise), quien se encuentra en una entrevista con la periodista Janine Roth (Meryl Streep). Irving es carismático y propagandístico, creyendo fielmente en el poderío militar estadounidense, y su habilidad para eliminar a un enemigo peligroso. Esta prédica es la que trata de venderle a Roth, que en su papel de comunicadora, representa a la persona común. Cuestionando la necesidad de una estrategia militar arriesgada que no sólo podría no dar resultados, sino que costarle al país soldados y fondos, Roth se plantea las mismas interrogantes que el público en general: ¿de que ha servido llevar años peleando la misma pelea, sin haber logrado nada? Irving, sin embargo, es un republicano consumado y sólo quiere conseguir apoyo para estas acciones, sabiendo que el público está cada vez más cínico acerca del tema y necesitan de convencimiento.

Los medios, sin embargo, hacen poco por aclarar el tema; cuando Roth muestra dudas acerca del artículo que Irving le encargó (en suma, una propaganda), sus editores prefieren seguir la corriente y dejar de lado todas aquellas cuestiones que los televidentes se preguntan; limitense a reportar los hechos, háganle un favor a los políticos y serán recompensados. Fea evidencia del control que ejercen los altos mandos sobre los medios de comunicación. No importa cuantas vidas y recursos se pierdan, lo que importa es mantener la moral alta para una acción militar que ya lleva más de cinco años y ha significado otro papelón en la larga lista de intervenciones norteamericanas en el extranjero.

Buen tema para discusión, que la película presenta de manera austera; más parece un ensayo que un proyecto fílmico, esto también debido a que no toma partido ni demoniza abiertamente a nadie. Esta falta de compromiso ha sido fuertemente criticada en Estados Unidos, pero para un público extranjero, que no tiene ataduras con ningún interés en EE.UU., bien puede servir para reflexionar un poco sobre el tema, si es que no están enfermos ya de que toda película hecha en los últimos cinco años tenga que hacer referencia (sin importar que jalada de los pelos sea) al 11 de septiembre y sus consecuencias. Demás está decir que si la política te saca ronchas, evita este film a toda costa.