viernes, noviembre 21, 2008

La Venganza de Bond



Con Casino Royale, la saga de James Bond se reinventó. Atrás quedaron las piruetas imposibles de caricatura y el héroe intocable que no podía parar de sonreír aún en la peor de las situaciones. Este nuevo comienzo lo reinventó: lo hizo más humano, más vulnerable y más propenso a cometer errores en sus primeros pasos como agente 007. Quantum of Solace continúa sus aventuras, empezando directamente de donde se quedó la última entrega, pero al final, deja a uno con gusto a nada.

Aquí Bond (otra vez Daniel Craig) se encuentra tras los pasos de los responsables de la muerte de su amada Vesper Lynd, lo cual lo enfrenta a una organización terrorista llamada Quantum, a través de un ambientalista llamado Dominic Greene (el francés Mathieu Amalric), que tiene un nefasto plan para controlar todas las fuentes de agua de Bolivia.

Para alguien que ha perdido un ser amado, Bond no parece estar muy afectado: siempre frío, sin emoción, con una cara de piedra. El tema de Vesper sólo es mencionado a la pasada un par de veces, pero nunca llega a tener la emoción que uno se esperaría de una situación así. Es al final una mera excusa para que Bond mate a todo el que se le cruce sin contemplaciones, mientras viaja por el mundo. Esta al menos es una constante de Bond, las atractivas locaciones: Italia, Haití, Austria, Rusia, Inglaterra y Bolivia – o más bien el desierto chileno de Atacama haciendo las veces del país altiplánico (Quien no recuerda las torpes payasadas del alcalde de Sierra Gorda, Carlos López, en protesta por la “mala imagen” – tranquilos, muchachos, al menos a ustedes les mostraron cierto respeto, no como le pasó al Perú en la última Indiana Jones).

La película se convierte entonces en una seguidilla de escenas de acción, que parece nunca se detienen y no dan tiempo de respirar. Marc Forster hace lo que puede, considerando que es un director de dramas de prestigio, pero no logran mantener en vilo al espectador. Esto porque el film no le da peso a la situación y uno nunca llega a sentir simpatía por la pérdida sufrida (incluso ver a James llorar no hubiese sido mala idea). Salvo una persecución inicial en auto, pronto estas escenas se convierten en rutina, aunque hay que decir que la película nunca llega a aburrir.

Daniel Craig ha sido llamado uno de los mejores Bonds y lo probó en la película anterior. Aquí trae intensidad al papel, pero el agente secreto se ha convertido en una fría y eficiente máquina de matar, con pocos retazos de la humanidad que el actor supo darle. De nuevo, porque uno nunca simpatiza con su situación. No es el Bond relajado y galán de entregas anteriores, pero tampoco un agente de MI6 como tal: sólo un hombre que busca venganza a cualquier precio.

No soy fanático de Bond precisamente porque las películas anteriores eran ya demasiado ridículas y James demasiado perfecto e intocable; pero supe apreciar lo que hizo Casino Royale con el personaje. El final de esa película daba por cerrado el tema de Vesper Lynd y terminó con Bond como el espía de siempre, pero esta vez con justificación. Quantum no hace más que alargar una trama que menos mal, aquí termina definitivamente. Ahora Bond puede ser aquel espía sofisticado que persigue faldas, siempre y cuando se acuerden de devolverle la humanidad que tenía y de no hacerlo tan invencible que llegue a parecer un videojuego.


domingo, noviembre 02, 2008

Terror Frío


Las slashers son las películas más predecibles que hay, a la par o incluso más que las comedias románticas. Es una fórmula simple: un grupo de jóvenes en alguna locación remota u ominosa mueren en manos de un psicópata. Escalofrío es otra más, siendo su mayor novedad el ser procedente de Noruega, donde fue todo un éxito de taquilla (incluso está a punto de estrenarse una secuela) Pero si ya viste Viernes 13, ya las viste todas.

En este caso, el grupo de jóvenes se encuentran varados en un hotel abandonado en las montañas, cazados por un gigante de dos metros que más parece Pie Grande que otra cosa. Hay que dar crédito al director Roar Uthaug: el aislado y abandonado hotel es un buen escenario y logran sacarle todo el provecho posible, es un sitio remoto donde se sabe van a pasar cosas feas y donde no te gustaría estar. La atmósfera es tensa y logra algo de suspenso, aún si se sabe de sobra que va a pasar.

Los actores no tienen mayor función que verse asustados y gritar, pero cumplen; en especial Ingrid Bolso Berdal, quien compone una heroína simpática, decidida y de armas tomar, con quien es fácil simpatizar (y el que sea guapa tampoco duele). En general, el reparto es mucho mejor de lo qué se espera de un film de este tipo. Pero eso no quita que esto se haya visto antes y ese es su mayor defecto, al menos para los que han visto varias de estas películas. Lo único que queda es adivinar en qué orden van a morir nuestros sufridos protagonistas.

Es una demostración de que el cine europeo puede apropiarse de todos los clichés propios de un género y trabajarlos de la misma manera que sus pares norteamericanos (originarios del slasher, por supuesto). La película tiene puntos interesantes, una buena locación, buena atmósfera, una cámara bien trabajada y la novedad de ser noruega. Pero para los fanáticos de terror más curtidos, no es nada nuevo.

Tengo que mencionar la (ridicula) motivación del asesino: aparentemente en Noruega tienen estándares bien altos en lo que se refiere al aspecto fisico, mira que dejar a tu hijo abandonado en la nieve sólo porque tiene una marca de nacimiento en la cara. Desgraciados.